El nuevo campamento habilitado en el puerto de Ceuta para alojar a parte de los invasores que permanecen en la ciudad tras la invasión del pasado 30 de julio dispone de material de cama nuevo, tres comidas diarias, ropa, atención sanitaria y libertad para entrar y salir durante el día. Algunos de sus ocupantes reconocen que su objetivo final sigue siendo el mismo: abandonar la ciudad autónoma y llegar a la Península.
Así lo ha comprobado Okdiario, que ha accedido al interior del recinto y ha hablado con varios de los inmigrantes alojados en sus instalaciones. Ninguno de los entrevistados por el periódico expresa quejas sobre las condiciones. «El centro está muy bien, pero queremos ir a España», repiten, pese a encontrarse ya en territorio español.
El dispositivo comienza en la propia entrada. Sobre unas mesas se ofrecen agua y zumos a quienes llegan. Cada persona recibe una pulsera azul, atraviesa el control de seguridad y pasa después por la reseña policial, que incluye la toma de huellas dactilares y una fotografía frontal.
El recinto está dividido en dos grandes áreas. La principal cuenta con alrededor de medio centenar de carpas blancas de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Cada una funciona como dormitorio y dispone de ocho literas, con capacidad para 16 personas.
Parte del material acaba de ser estrenado. Según las imágenes y testimonios recogidos por OKDIARIO, algunos colchones azules permanecen todavía precintados y varios ocupantes abren los paquetes de sábanas blancas para colocarlas sobre las camas. Las instalaciones cuentan también con duchas portátiles situadas junto a las lonas.
La segunda zona, también dentro del perímetro portuario, está formada por tres grandes carpas gestionadas por SAMU. En este caso no existen literas: los inmigrantes duermen sobre catres de campaña de lona verde colocados en filas, con estrechos pasillos entre unos y otros.
Tres comidas, enfermería y vacunación
El campamento dispone además de un comedor propio. En las mesas se reparten barras de pan, agua, yogures y postres, mientras el resto de los alimentos llega mediante cargamentos diarios. Los alojados reciben desayuno, comida y cena.
También se ha instalado una enfermería y un dispensario dentro del complejo. SAMU ha entregado ropa nueva a parte de los residentes y ha habilitado un punto de vacunación.
Durante el día, los inmigrantes pueden entrar y salir del campamento. Algunos se desplazan hasta el polígono situado en las inmediaciones, realizan compras en los establecimientos de la zona y regresan posteriormente al recinto para comer o dormir.
Las condiciones contrastan con la incertidumbre que sigue rodeando el destino de miles de personas que entraron en Ceuta durante la invasión de julio. El alojamiento del puerto sirve para retirar de playas y otros puntos de la ciudad a una parte de los inmigrantes, pero su capacidad está muy lejos de absorber a todos los que continúan en situación irregular.
«Queremos una vida legal para pasar a la Península»
El objetivo de varios de los alojados queda plasmado en dos grandes cartones pintados con espray cerca del recinto. En ellos rechazan el asilo como finalidad inmediata y reclaman «una vida legal para pasar a la Península».
Uno de los entrevistados es Walid, un marroquí de 30 años procedente de Tetuán que asegura haber llegado a Ceuta a nado acompañado de su hijo de 13 años. Su valoración de la asistencia recibida es inequívoca: «Nos lo dieron todo aquí, gracias a Dios: comida, bebida, atención médica, todo».
Según su testimonio, recibe leche y cacao para desayunar y ha comido pollo con arroz. También afirma que recibió mantas al llegar y que fue trasladado al hospital cuando necesitó asistencia sanitaria.
Walid asegura que su principal preocupación es permanecer junto a su hijo. «Espero que esté conmigo y que no nos separen», señala. También quiere solicitar asilo y trasladarse a la Península: «Nuestro sueño es España. Aquí podemos cambiar el futuro de nuestros hijos».
Otro de los residentes, Redouane, llegó igualmente a nado y había permanecido hasta ahora en una construcción improvisada en El Trampolín. Su familia, que permanece en Marruecos, le envía dinero para comprar ropa. Reconoce que en el nuevo recinto disponen de lo necesario, aunque tampoco contempla Ceuta como destino definitivo: quiere trasladarse a la Península para trabajar.
Entre los testimonios recabados figura también el de Azdin, de 16 años, que relata el miedo que sufrió durante su entrada a nado y las noches que pasó a la intemperie. Mantiene su teléfono móvil y habla diariamente con su madre.
Especialmente significativo es el testimonio de Ilias. Después de haber dormido en Benítez y en el portal de un edificio, agradece la comida facilitada por las ONG durante las últimas semanas. Sin embargo, según recoge Okdiario, asegura que no piensa buscar trabajo porque da por hecho que en España recibirá ayuda económica y asilo.
Sólo 1.700 plazas ante miles de inmigrantes
El dispositivo del puerto cuenta con unas 1.700 plazas entre sus dos zonas. La cifra resulta insuficiente frente al número de inmigrantes que permanecen en Ceuta después de la invasión.
Según los datos del Gobierno de Ceuta citados por el periódico, unas 13.000 personas se encuentran en situación irregular en la ciudad. La capacidad del campamento permitiría alojar, por tanto, aproximadamente al 13% de ese total.
El recinto ha permitido trasladar a parte de quienes permanecían en playas y asentamientos improvisados y les garantiza alojamiento, alimentación y asistencia sanitaria. La cuestión de fondo sigue abierta: miles de los que entraron en julio permanecen en Ceuta y muchos tienen como objetivo declarado alcanzar la Península.