La Oficina de Expedición de DNI y tarjetas de residencia de la Policía Nacional en Roquetas de Mar (Almería) se ha convertido en el epicentro de un desbordante caos administrativo.
LA GACETA ha obtenido un vídeo de las colas kilométricas formadas por cientos de inmigrantes ilegales —la mayoría africanos— tras el reciente decreto de regularización masiva aprobado por el Gobierno. Esta medida, destinada a legalizar la situación de medio millón de inmigrantes en situación ilegal ha generado una avalancha que pone en evidencia las carencias del sistema migratorio español.
Los agentes de la Policía Nacional, visiblemente desbordados, han confesado en conversaciones con este medio que la situación les sobrepasa. «Estamos al límite», admiten algunos, mientras intentan gestionar una multitud que crece hora tras hora.
Los problemas no se limitan a la mera acumulación de personas; los conflictos en las colas son continuos, con enfrentamientos verbales y tensiones que escalan rápidamente. La falta de preparación para este flujo masivo ha convertido un trámite administrativo en un polvorín social, donde la inmigración ilegal, en lugar de controlarse, parece incentivarse sin filtros adecuados.
Una de las mayores fuentes de incertidumbre radica en los procedimientos mismos. La mayoría de las peticiones son de la verificación de antecedentes penales, que debe canalizarse obligatoriamente a través de los consulados de los países de origen. Los agentes, atados de manos, no pueden resolver estos casos en el momento, lo que genera frustración y largas esperas.
«No sabemos bien qué hacer en muchos casos», confiesan, destacando la parálisis que impone esta dependencia externa. Para otros trámites, como renovaciones o solicitudes iniciales, se requiere cita previa, un requisito que muchos ignoran o no cumplen, lo que agrava el atasco. En consecuencia, se producen momentos de alta tensión, con inmigrantes exigiendo atención inmediata y agentes luchando por mantener el orden sin recursos adicionales.
Fuentes policiales indican que se está estudiando la ampliación de horarios de atención para mitigar el colapso, pero muchos agentes permanecen a la espera de indicaciones claras desde Madrid. Mientras tanto, el descontrol persiste, con colas que se extienden por calles adyacentes y un ambiente cargado de incertidumbre.