Los efectos del acuerdo con Mercosur empiezan a golpear a la gastronomía europea. Apenas seis días después de la entrada en vigor provisional del pacto comercial el pasado 1 de mayo, las autoridades griegas han detectado salmonela en el 80% de una partida de cinco toneladas de pollo congelado procedente de Brasil.
Los análisis realizados en el laboratorio veterinario de Agia Paraskevi, cerca de Atenas, confirmaron que unas tres toneladas del producto estaban contaminadas, lo que obligó a ordenar su devolución inmediata al país de origen. El incidente ha generado alarma en el sector de la restauración y el comercio minorista griego, donde el pollo sudamericano comenzaba a posicionarse como una opción más económica gracias a las cuotas arancelarias reducidas del acuerdo.
El caso no es aislado. Sólo en las últimas semanas, los sistemas de alerta rápida de la Unión Europea (RASFF) han registrado múltiples alertas relacionadas con importaciones de Mercosur. En febrero, Holanda interceptó 62 toneladas de carne de res brasileña contaminada con estradiol, una hormona prohibida en la UE por su potencial cancerígeno y efectos disruptivos en el ADN. Aunque parte del cargamento fue retenido, al menos cinco toneladas ya habían sido distribuidas y consumidas en diez países comunitarios y en el Reino Unido, según informaron las autoridades sanitarias neerlandesas.
A estos problemas se suma el envío de girasol argentino que llegó a Bulgaria con niveles de pesticidas (malatión y deltametrina) hasta cinco veces superiores a los límites permitidos. La partida fue desviada hacia la producción de biodiesel al considerarse no apta para consumo humano, lo que ha encarecido los costes de materias primas para la industria alimentaria europea. Por su parte, Polonia detectó 623 kilogramos de carne de res uruguaya con exceso de progesterona que habían entrado a través de Holanda y ya se encontraban parcialmente distribuidos en el mercado interior.
La Comisión Europea, a través de su Dirección General de Salud y Seguridad Alimentaria (DG SANTE), había advertido en auditorías realizadas entre 2025 y 2026 sobre deficiencias en los controles de Brasil, especialmente en trazabilidad y prevención del uso de hormonas en la ganadería. Sin embargo, el acuerdo provisional permitió el ingreso inmediato de cuotas ampliadas de carne, pollo y otros productos agrícolas, priorizando el acceso comercial sobre las garantías sanitarias, según critican varios eurodiputados.
La eurodiputada polaca Ewa Zajączkowska, del grupo ECR, ha denunciado estos incidentes como prueba de que «el acuerdo con Mercosur pone en riesgo la salud de los consumidores europeos y la competitividad de nuestros productores». En un mensaje difundido en redes sociales, acompañó la información con una imagen que ilustra la preocupación: la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, junto a un pollo congelado y una placa de cultivo bacteriano. Su denuncia ha sido recogida por medios de varios países miembros y ha reavivado el debate sobre la ratificación definitiva del tratado.
Mientras tanto, el sector gastronómico europeo observa con inquietud cómo productos que hasta ahora llegaban bajo estrictos controles se incorporan al mercado con aranceles reducidos. Restauradores y distribuidores temen que la repetición de estos casos erosione la confianza de los consumidores y obligue a reforzar los controles internos, lo que a su vez podría encarecer los precios en los menús. La Comisión Europea ha asegurado que «los mecanismos de vigilancia funcionan», pero la sucesión de alertas en apenas una semana pone a prueba esa afirmación.