La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a diez años de prisión a Vicenzo E.P., un venezolano de 30 años, por agredir sexualmente de forma continuada durante nueve meses (entre octubre de 2021 y julio de 2022) a una niña española de 13 años.
El hombre, casado y con nacionalidad italiana, se aprovechó de su posición como hermano de una compañera de colegio de la menor. Se presentó ante ella como babalawo (sacerdote de la religión yoruba) y la manipuló para conseguir mantener relaciones sexuales con ella.
La víctima, que hoy tiene 19 años, declaró en el juicio celebrado en febrero: «Conocí a Enzo en 2020. Yo tenía 12 años y él 30. Empezó guiándome espiritualmente. Tenía que asistir a rituales en su casa todas las tardes. Me regaló un anillo de compromiso y me dijo que él sería mi esposo en la religión yoruba».
Según la sentencia, los rituales terminaban habitualmente en relaciones sexuales: «Teníamos relaciones prácticamente todos los días, con penetración vaginal, anal y tocamientos. Nunca utilizaba preservativo. También me pedía que grabara vídeos manteniendo relaciones o masturbándome».
El santero ejerció un control total sobre la menor: le regaló un móvil para estar siempre conectados, le exigía teñirse el pelo de rubio «para parecerse a Oshun» (orisha de la fertilidad y la belleza), vestir ropa holgada, recogerse el pelo en un moño y no maquillarse. Le prohibió relacionarse con chicos de su edad, considerándolo infidelidad, y la amenazó con abandonarla si no cumplía.
La manipulación llegó al extremo de convencerla de que su abuela y su tía le «embrujaban la comida», por lo que la adolescente dejó de comer. En agosto de 2022 intentó suicidarse y tuvo que ser ingresada en la Unidad de Psiquiatría del Hospital Gómez Ulla.
La madre de la menor, alarmada por los cambios en su hija (regalos «sagrados», comentarios religiosos yoruba y un comportamiento extraño), contactó con el Grupo de Sectas de la Policía Nacional.
La sentencia destaca que el acusado «utilizó técnicas de manipulación y control coercitivo» sobre la menor, prevaleciéndose de su superioridad espiritual y de la gran diferencia de edad. La obligaba a borrar las conversaciones y pruebas de su teléfono.
La joven relató que el hombre le regaló una muñeca que, según él, contenía el espíritu de una gitana protectora, y que debía llevarla siempre consigo. También la llamaba «mi esposa» y le enviaba mensajes como: «Te amo demasiado, princesita, nadie te quiere más que uno».
La Audiencia Provincial considera «fuera de toda duda» la credibilidad del testimonio de la víctima y subraya que el condenado era plenamente consciente de la edad de la menor y de la ilicitud de sus actos. Además de los diez años de prisión, si la sentencia se confirma, Vicenzo E.P. deberá cumplir cinco años de libertad vigilada y participar en un programa de educación sexual. El condenado ha recurrido la resolución.