Un inmigrante de nacionalidad marroquí, Mustapha J. E. O., ha sido condenado por el Juzgado de lo Penal número 2 de Orense tras alcanzar un acuerdo de conformidad con la Fiscalía, que pone fin al proceso judicial por un delito continuado de maltrato habitual y otro de lesiones cometidos contra su exesposa en la vivienda que ambos compartían en la localidad orensana de Verín.
La sentencia impone un año y nueve meses de prisión, aunque el cumplimiento de la pena queda suspendido siempre que el acusado no reincida en los próximos años. Además, deberá realizar 60 jornadas de trabajos en beneficio de la comunidad y participar en un curso de sensibilización sobre violencia de género.
Durante la vista, el acusado admitió ante el tribunal haber sometido a su pareja a un régimen de control constante, caracterizado por vejaciones, amenazas e imposiciones que afectaban tanto a su libertad personal como a su vida cotidiana. Entre las medidas de dominación reconocidas figuraba la obligación de vestir con burka o prendas que ocultaran su rostro, sin posibilidad de elegir su propia ropa.
La víctima vivía en un entorno de aislamiento y sumisión, al que también se veía sometida la hija de ambos. Según el relato judicial, el agresor le prohibía mantener contacto con amigas o personas de su entorno y restringía sus comunicaciones, estableciendo incluso normas domésticas humillantes: solo ella y su hija podían comer en la cocina, mientras él y su hijo varón lo hacían en el salón.
Los episodios de violencia alcanzaban también el ámbito físico. En diversas ocasiones, cuando la comida preparada por su esposa no era de su agrado, el hombre se la arrojaba por encima y la escupía, manifestando así su desprecio hacia ella.
Por los daños sufridos, la mujer deberá ser indemnizada con 2.000 euros, aunque el condenado ha declarado —con la ayuda de un traductor de árabe— que no puede hacer frente al pago de momento debido a su situación de desempleo.
El caso, revelado por el diario La Región, pone de manifiesto un patrón de maltrato psicológico y físico sostenido en el tiempo, en el que el agresor intentó imponer un modelo de control absoluto sobre su pareja dentro del ámbito familiar.