La seguridad en la costa de África occidental se ha degradado hasta convertirse en una cadena logística al servicio de las mafias que operan la inmigración ilegal hacia Canarias. El ataque del pasado 26 de febrero en Senya Bereku (Ghana), donde hombres armados asaltaron siete pesqueros y robaron motores y generadores, evidencia un patrón: el material sustraído se utiliza para impulsar cayucos de gran envergadura con destino a territorio español.
Los asaltantes abandonaron a 71 pescadores a la deriva tras despojarlos de los equipos esenciales de navegación. No se trata de delincuencia aislada. Según analistas de seguridad marítima, estos robos forman parte de un mercado negro que abastece directamente a las redes de tráfico de personas en África occidental.
La denominada piratería de baja intensidad en el Golfo de Guinea se ha consolidado como un engranaje esencial para sostener las salidas desde países como Senegal o Gambia. El robo de motores fueraborda permite a las mafias mantener el flujo constante de embarcaciones precarias que recorren más de 900 millas náuticas hasta Canarias.
Este modelo criminal tiene una consecuencia directa: la consolidación de una infraestructura ilegal que conecta la violencia en el mar con la presión migratoria en las costas europeas.
Entre noviembre de 2025 y febrero de 2026, cerca de 5.200 inmigrantes han sido interceptados en la ruta hacia Canarias, considerada la más peligrosa del mundo. Sólo en enero se registraron alrededor de 1.500 llegadas, mientras que en febrero se superaron las 400.
Los episodios más graves se suceden. El 31 de diciembre de 2025, una embarcación con más de 200 personas naufragó frente a la isla de Jinack (Gambia), con al menos 31 muertos confirmados. En enero, otro cayuco llegó a Arguineguín con dos cadáveres a bordo tras días de travesía.
Los principales focos de salida se concentran en Tarfaya y Dakhla (Marruecos y Sáhara Occidental), Nouadhibou (Mauritania), Dakar (Senegal) y enclaves de Gambia como Brufut o Dog Island. Desde estos puntos parten embarcaciones cargadas de inmigrantes procedentes de países como Mali, Burkina Faso o Guinea Conakry.
Desde ataques a petroleros en Angola hasta secuestros en Guinea Ecuatorial, el Golfo de Guinea se ha convertido en un espacio de anarquía donde confluyen piratería, tráfico de combustible y redes de inmigración ilegal. Incluso incidentes como las explosiones sufridas por el petrolero MT Mersin en Dakar evidencian la creciente complejidad del escenario.
El resultado es un sistema en el que el ser humano se ha convertido en mercancía. Los motores robados a pescadores africanos terminan impulsando embarcaciones precarias rumbo a Canarias, mientras las mafias consolidan un modelo que combina violencia, negocio y presión migratoria constante sobre España.