«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Pueden infiltrar combatientes o radicalizar individuos en estas rutas ilegales

El auge yihadista en las rutas de la inmigración ilegal pone en jaque la seguridad nacional de España

Una patera con cientos de inmigrantes. Redes sociales

En lo que va de 2025, más de 5.000 malienses y casi 700 somalíes han llegado a España a través de la ruta atlántica hacia Canarias y la ruta del Mediterráneo hacia el Levante y Baleares, según datos de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras (CGEF) de la Policía Nacional. Estas cifras reflejan un flujo migratorio descontrolado desde dos de los epicentros mundiales del terrorismo yihadista: Malí y Somalia. La situación, lejos de ser un simple desafío migratorio, representa una amenaza crítica para la seguridad nacional.

Un polvorín en el Sahel y el Cuerno de África

Malí y Somalia son zonas de conflicto donde los grupos yihadistas operan con impunidad. En Malí, el Grupo de Defensa del Islam y los Musulmanes (JNIM), afiliado a Al Qaeda, y la Provincia del Estado Islámico del Sahel (EI Sahel) duplicaron sus ataques en 2024, aprovechando la fragilidad tras los golpes de Estado de 2020 y 2021. En Somalia, Al Shabab, también ligado a Al Qaeda, perpetra atentados mortales contra civiles y fuerzas internacionales, financiándose mediante extorsión y el control de rutas comerciales. Según el Índice Global del Terrorismo, el 51% de las muertes por terrorismo en 2024 ocurrieron en el Sahel, consolidando a Malí como el epicentro global de esta amenaza. 

Lo más alarmante es que estos grupos controlan pasos fronterizos clave hacia Mauritania (desde Malí) y Kenia (desde Somalia), puntos estratégicos en las rutas de inmigración ilegal. En estas fronteras, los yihadistas imponen peajes y extorsionan a las autoridades locales, financiando sus operaciones con el tráfico humano que, en muchos casos, termina en las costas españolas. La retirada de la misión de la ONU (MINUSMA) en 2023 y de la Operación Barkhane francesa ha dejado un vacío de seguridad que los terroristas han explotado, consolidando su control territorial y su capacidad de infiltración en los flujos migratorios.

Un riesgo inminente para España

La llegada masiva de inmigrantes desde estas zonas no sólo pone presión sobre los recursos del país, sino que plantea un peligro directo: los yihadistas pueden infiltrar combatientes o radicalizar individuos en estas rutas ilegales. La porosidad de las fronteras en el Sahel y el Cuerno de África, combinada con la inacción de los gobiernos locales y la falta de una respuesta internacional coordinada, crea una tormenta perfecta. «Los grupos yihadistas, expertos en aprovechar el caos, ven en estas rutas una oportunidad para extender su ideología violenta hacia Europa», según fuentes de EUROPOL consultadas por LA GACETA.

Si no se toman medidas inmediatas, España podría enfrentar consecuencias devastadoras en los próximos años. El aumento exponencial de la criminalidad, el tráfico de armas y drogas, y, en el peor de los casos, la perpetración de atentados terroristas son riesgos reales. La historia reciente nos enseña que la complacencia frente a amenazas similares ha tenido un alto coste: los atentados en Europa o el auge del crimen organizado en ciertos países del continente son ejemplos de lo que podría avecinarse si no actuamos.

La situación exige una respuesta contundente y urgente. España debe reforzar los controles fronterizos, aumentar la cooperación con países de origen y tránsito, y liderar una estrategia europea para desmantelar las redes de tráfico humano que enriquecen a los yihadistas. No basta con gestionar la llegada de inmigrantes ilegales; es imperativo cortar de raíz las conexiones entre el terrorismo y las rutas migratorias. Cada día de inacción acerca a España a un escenario de inseguridad que podemos y debemos evitar.

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