«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
la campaña incorpora mecanismos de control directo

El Ayuntamiento de Gerona despliega inspecciones lingüísticas en comercios y amenaza con sanciones a los que no usen el catalán

El alcalde de Girona, Lluc Salellas.

El Ayuntamiento de Gerona (CUP) ha puesto en marcha una nueva campaña para reforzar el uso del catalán en el comercio local que incluye visitas a establecimientos, evaluación de su cumplimiento lingüístico y la posibilidad de sanciones. La iniciativa, bautizada como «Bon dia!» y desarrollada junto a Plataforma per la Llengua, se presenta como una acción de sensibilización, pero incorpora mecanismos de control directo sobre los negocios.

Según el consistorio, la campaña pretende garantizar el derecho de los consumidores a ser atendidos en catalán y a encontrar información básica en esta lengua. Para ello, se llevarán a cabo visitas a comercios en las que se informará a los propietarios sobre la normativa vigente, al tiempo que se realizará una “fotografía” del estado real del uso del catalán en el sector.

Este doble enfoque marca el núcleo de la iniciativa. Las inspecciones no sólo tienen un carácter pedagógico, sino que permitirán detectar posibles incumplimientos y realizar un seguimiento posterior. En la práctica, esto implica que los comerciantes podrían enfrentarse a sanciones si no se ajustan a las exigencias lingüísticas establecidas.

El plan incluye también un sistema de reconocimiento para los establecimientos que ya emplean el catalán de forma habitual, con el objetivo de que actúen como modelo dentro del tejido comercial y generen un efecto arrastre sobre el resto.

La campaña se enmarca en una estrategia más amplia impulsada por el Ayuntamiento en 2025 para «fortalecer» el uso del catalán en la ciudad. Aquel plan partía de un diagnóstico que advertía de un retroceso progresivo del uso de esta lengua desde 2015, pese a que sigue presente en más del 70% de los comercios.

Esa hoja de ruta contemplaba actuaciones en varios frentes: desde campañas dirigidas a empresas y ciudadanos hasta medidas dentro de la propia administración. Entre ellas, la creación de una «bústia del català» para canalizar denuncias por vulneraciones lingüísticas y la exigencia del uso del catalán a empresas que contraten con el Ayuntamiento, bajo amenaza de sanción.

Con «Bon dia!», el consistorio traslada ahora esa estrategia al comercio de proximidad. La política lingüística municipal combina así incentivos y control: informa y promueve el uso del catalán, pero también supervisa su cumplimiento y habilita mecanismos para corregirlo. Un modelo que refuerza la intervención institucional en la actividad comercial diaria y que sitúa el debate en cómo se aplica esta presión normativa sobre comerciantes y ciudadanos.

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