El Gobierno de Pedro Sánchez está reubicando a los miles de inmigrantes ilegales que siguen en Ceuta hacia instalaciones que, según análisis de estrategia militar y documentos oficiales, se encuentran en zonas de alto valor defensivo. Tras la entrada masiva de finales de julio de 2026, que superó las decenas de miles de personas, el Ejecutivo ha impulsado un dispositivo de acogida que incluye el ya saturado CETI y la antigua fábrica de harina, además de otros recintos militares y civiles.
El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta, con capacidad teórica de 512 plazas, lleva semanas muy por encima de su límite. Cientos de personas permanecen acampadas en sus accesos y en la playa del Trampolín, justo al lado. Imágenes satelitales y análisis de cuentas especializadas en OSINT militar muestran que el recinto colinda con una amplia zona de instalaciones del Ejército, identificada como área de almacenamiento y acceso cercano al arsenal de Benzú. El propio acceso por carretera al CETI coincide con vías que permiten llegar en minutos a esas instalaciones, cuya seguridad se describe como mínima en varios de esos análisis.
La antigua fábrica de harina (vinculada al Ministerio de Defensa, en la zona de Otero) aparece expresamente en el borrador del Real Decreto que declara la situación de interés para la Seguridad Nacional en Ceuta. Ese documento habilita terrenos de Defensa —Loma Margarita, la Hípica, la nave de la fábrica de harina, el acuartelamiento Coronel Fiscer y otros— para alojar a los que permanecen en la ciudad. La ubicación de la fábrica se sitúa en la entrada de la carretera de acceso al Monte Hacho, donde se concentran fortalezas históricas, puestos de artillería del Regimiento Mixto de Artillería nº 30 y el segundo núcleo de armamento de la ciudad autónoma. Junto a ella hay un depósito de combustible; los otros dos puntos de suministro de combustible de la zona se encuentran precisamente en la playa del Trampolín.
El experto en estrategia militar consultado por LA GACETA, @EstrategiasMilitares, asegura que no se trata de una coincidencia geográfica menor. Colocar a miles de personas —en su mayoría hombres jóvenes de origen marroquí y subsahariano— a las puertas de un arsenal y en el acceso a Monte Hacho genera un riesgo de bloqueo o de toma rápida de material en caso de avalancha o de infiltración. El CETI y la playa del Trampolín ya han servido de punto de concentración espontánea; ahora el Gobierno planea formalizar esa presencia en recintos militares o adyacentes.
La decisión ha provocado protestas en Ceuta. El 25 de agosto, centenares de vecinos salieron a la calle contra el uso de polideportivos, cuarteles y la fábrica de harina. El ministro Ángel Víctor Torres, al frente del mando único, se enfrentó a gritos de «Ceuta no es un CETI». Mientras tanto, la ministra de Defensa, Margarita Robles, compareció en el Congreso en un contexto de tensión creciente sobre la gestión de la crisis.
Las cifras de quienes permanecen varían según la fuente: Interior habla de unos 5.000; estimaciones locales y de Cruz Roja elevan la cifra a 9.000-10.000, incluidos unos 2.000 menores. El Gobierno ha habilitado todos los polideportivos municipales y recintos de once ministerios, pero la proximidad de dos de los emplazamientos principales a infraestructuras militares sensibles ha encendido las alarmas entre quienes analizan la plaza de Ceuta desde el punto de vista de la defensa. La ciudad, con una Comandancia General que agrupa a La Legión, Regulares, Caballería, Artillería e Ingenieros, concentra un despliegue habitual de más de 2.500 efectivos precisamente por su carácter de enclave fronterizo.
La reubicación continúa. El CETI sigue siendo el primer destino y la fábrica de harina uno de los siguientes en la lista. Lo que para el Ejecutivo es una cuestión de logística humanitaria, para analistas militares es una decisión que sitúa a un contingente numeroso e irregular junto a los puntos más sensibles de la defensa de Ceuta.