Más de un año y medio después de la dana que arrasó parte de la provincia de Valencia, el sistema de control del barranco del Poyo continúa sin una infraestructura definitiva. Según una resolución del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, obtenida a través del Portal de Transparencia y adelantada por The Objective, el nuevo sensor no se instalará hasta junio de 2026.
En la actualidad, el control del caudal en este punto depende de un radar provisional colocado sobre el tablero de la autovía A-3, acompañado de una cámara de vigilancia exterior. El propio Ministerio sostiene que estos medios temporales han permitido obtener «registros fiables» durante este tiempo, tras un gasto aproximado de 15.000 euros.
La demora en la instalación del sistema definitivo se debe, según el Gobierno, a las obras de emergencia que ejecuta el Ministerio de Transportes para reforzar el puente de la A-3. Hasta que esos trabajos concluyan, no puede iniciarse la colocación del nuevo radar por motivos de seguridad.
Sin embargo, el retraso prolonga una situación provisional en una zona que ya sufrió graves daños durante las riadas. El nuevo sensor forma parte del denominado Marco de Control del barranco del Poyo, un sistema destinado a verificar y complementar los datos hidrológicos obtenidos por otras vías.
El coste total de esta actuación supera el millón de euros, al incluir obra civil, accesos, movimientos de tierra y la instalación definitiva de instrumentación. Una inversión que contrasta con la lentitud en su ejecución tras una catástrofe que evidenció la vulnerabilidad de estas infraestructuras.
El impacto de la dana también dejó seriamente dañado el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), encargado de medir en tiempo real el caudal del agua. Este sistema, clave para la prevención de riesgos, tuvo que ser parcialmente reconstruido tras la destrucción de sensores y estaciones.
Según el Ministerio, ha sido necesario intervenir en al menos once tipos distintos de infraestructuras. Las labores han incluido la retirada de lodo y vegetación acumulada, el refuerzo de estructuras de hormigón y la reconstrucción de taludes en las zonas erosionadas.
La situación evidencia que, más de 540 días después de la catástrofe, la recuperación completa de los sistemas de control sigue pendiente, mientras las soluciones provisionales continúan operativas en un punto considerado crítico para la vigilancia de avenidas.