«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Considera que lo esencial de su misión es confirmar la fe de los católicos

El Papa León XIV, en su primera entrevista: «Si miramos el mundo, la democracia no es necesariamente una solución perfecta para todo»

Papa León XIV. Redes sociales

El Papa León XIV ha concedido su primera entrevista a la periodista Elise Ann Allen de Crux Media, coincidiendo con la celebración de su 70 cumpleaños. La conversación, adelantada por el medio especializado y por el diario peruano El Comercio, es sólo un anticipo de la biografía León XIV ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI, que se publica esta semana en Perú y llegará a las librerías españolas en octubre de la mano de Random House.

El Pontífice, elegido el pasado 8 de mayo, se presenta como un hombre entre dos culturas: estadounidense de nacimiento, pero profundamente marcado por sus largos años de misión en el Perú. «Soy muy estadounidense, pero también llevo a los peruanos en el corazón», explica, y admite que, en un hipotético partido de fútbol entre ambas selecciones, animaría a Perú por pura gratitud afectiva. Con humor recuerda que en su casa se respiraba apertura y tolerancia, pues él era seguidor de los White Sox mientras su madre simpatizaba con los Cubs: «Aprendimos que la rivalidad no podía dividirnos, incluso en el deporte. Como Papa, soy aficionado de todos los equipos».

León XIV reconoce que lo que más le cuesta en esta nueva etapa es asumir su condición de líder internacional. «Me siento cómodo en la parte pastoral, en la cercanía con la gente, pero convertirme en referente mundial ha sido como lanzarme de golpe a la piscina más profunda», afirma. Insiste en que se siente retado, pero no desbordado, y que está aprendiendo rápidamente el papel diplomático que la Santa Sede ha jugado durante siglos.

En cuanto a su visión global, asegura que su papel político es invitar a la humanidad a mirar más alto: «Tenemos que recordar el enorme potencial que tenemos para superar la violencia y el odio. La polarización está destruyendo a demasiados, y quizá beneficia a unos pocos, pero la mayoría sufre». Cree que la mejor estrategia es «tender puentes a través del diálogo» y mantener vivas la esperanza y la confianza en la bondad humana.

Más allá de la geopolítica, insiste en que lo esencial de su misión es confirmar la fe de los católicos: «Ser sucesor de Pedro significa sostener a otros en su creencia. Eso no puede explicarse sin la gracia de Dios. Solo el Espíritu Santo puede hacerlo posible».

Su paso por Iberoamérica también marcará su estilo de gobierno. Afirma que la perspectiva iberoamericana es un tesoro para la Iglesia universal y que en ella se apoya para comprender parte de la visión que impulsó el Papa Francisco. En ese sentido, defiende la sinodalidad como camino central: «No es una amenaza a la autoridad de obispos o sacerdotes. Es un proceso en el que todos tienen voz, un antídoto frente a la polarización que vivimos». Rechaza la idea de convertir la Iglesia en una democracia al uso, y en cambio la describe como una invitación a caminar juntos y a reforzar la comunión eclesial.

«No se trata de intentar transformar la Iglesia en una especie de Gobierno democrático, ya que, si miramos a muchos países del mundo hoy en día, la democracia no es necesariamente una solución perfecta para todo. Se trata más bien de respetar, de entender la vida de la Iglesia por lo que es y decir: «Tenemos que hacer esto juntos». Eso ofrece una gran oportunidad para la Iglesia, para que se relacione con el resto del mundo».

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