«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
«Tejer redes significa servir de modo desinteresado»

El Papa León XIV reivindica la huella de la fe en Europa y rememora a Juan Pablo II: «No temáis. Abrid las puertas a Cristo»

León XIV en el Movistar Arena. Europa Press

El Papa León XIV ha reinvindicado la fe cristiana en la identidad cultural europea y, en este sentido, ha recuperado el emblemático grito de San Juan Pablo II, retomado por Benedicto XVI y Francisco, predecesores de Robert Prevost: «No temáis. ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo»

«¿En serio es posible creer que la Europa a la que tanto amamos, sería ella misma sin la huella de la fe? ¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad? Sigue vivo el grito de mis Predecesores: ¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo», ha exclamado.

Por eso, se ha preguntado «si el mundo y en particular Europa habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia». «No se trata de una provocación, sino de una invitación a pensar si la eternidad, que irrumpió en el tiempo y el espacio mediante la encarnación de Jesucristo, pueda volver a reconciliarse con lo cotidiano», ha puntualizado.

Así lo ha manifestado este sábado el Papa durante su discurso en el encuentro ‘Tejer Redes con el Mundo de la Cultura, del Arte, de la Economía y del Deporte’ celebrado en el Movistar Arena de Madrid.

En su alocución, el Pontífice apostado por «tejer redes» entre educación, empresas, cultura y deporte: «Es menester un diálogo social que podemos comparar con el arte de tejer redes, que implica encuentro, escucha, diálogo y respeto».

«En este hermoso país es imposible no admirar la huella de creatividad que atraviesa su historia y da forma a su identidad. Una hermosura visible en sus ciudades, en sus calles y monumentos, en sus plazas y jardines, en sus universidades e iglesias, en la música, la pintura y la danza, en su gastronomía», ha señalado.

El Pontífice ha celebrado que en España «se percibe también el alma de las generaciones que transformaron el paisaje y le dieron un rostro propio». «Eso nos revela en cada trazo la inteligencia y la voluntad que residen en el alma humana», ha agregado.

Ante las «maravillas» creadas por las generaciones anteriores, Robert Prevost se ha preguntado: «¿qué herencia estamos dejando al futuro y por ende, qué tipo de comunidad estamos construyendo?».

«Nuestra sociedad posee una extraordinaria capacidad para producir, innovar y comunicar, sin embargo, parece que todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que esta genera. De lo contrario, corremos el riesgo de ser expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos acerca del porqué, para qué, con quién y para quién se produce», ha advertido.

En este contexto, el Papa ha aseverado que la Iglesia, «consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo».

«En el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, de belleza y de verdad; y es a partir de esa aspiración profundamente humana y de nuestra experiencia plurisecular, que la Iglesia propone caminos para una vida digna y el bien común», ha defendido.

«Todos hemos experimentado algo hermoso, tanto que nos cambió interiormente: una canción, un poema, una iglesia silenciosa, una voz, una mirada, incluso un partido de baloncesto vivido con amigos. No es extraño entonces que la proclamación de la Buena Nueva y la conciencia de sabernos hermanos se exprese con forma de saeta en una Semana Santa, de poesía mística, de maestría literaria en autores como Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, o en la prosa serena de santo Tomás de Aquino», ha comentado.

Asimismo, el Papa ha recalcado que «tejer redes significa servir de modo desinteresado». Así, ha dicho que «una mirada objetiva revela que hombres y mujeres movidos por la fe han edificado hospitales y escuelas, dieron pie a iniciativas solidarias y hablaron con un lenguaje que dignifica a las personas».

León XIV también se cuestionado «¿quiénes están siendo excluidos a pesar de sus virtudes y capacidades?»: «No podemos ignorar que la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y a la Iglesia».

Por último, ha hecho referencia al mundo del deporte y ha puesto en valor aprender «el respeto por el adversario en un campo de juego más que escuchando un discurso».

«Cuántos deportistas nos enseñan a perder sin odiar, a ganar sin humillar o a levantarse después de caer», ha subrayado León XIV, quien ha invitado a los asistentes a «ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad, la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo, la educación promueva la búsqueda de la verdad con espíritu crítico, el arte despierte asombro y genere emociones nobles, la empresa reconozca la dignidad de la persona y el trabajo siga siendo motor de esperanza».

En este sentido, ha instado a «ser hilos nuevos acogiendo el consejo de San Pablo»: ‘Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo’.

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