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Hay hasta 14.000 viviendas destinadas a uso turístico

El problema de la vivienda crece en Madrid ante la falta de soluciones del equipo municipal de Almeida

Pisos turísticos en Madrid. Europa Press

Hasta la media mañana, en el Madrid más antiguo no se observa demasiada actividad. Por la calle Nuncio, las ruedas de las mochilas de los niños traquetean tras las zancadas de sus padres, camino al colegio de Nuestra Señora de la Paloma. En sentido contrario, los trabajadores se apresuran en llegar a las bocas de metro de Tirso de Molina o Sol mientras apuran el cigarrillo. A pesar de las prisas, la escena es calmada y los pasos, pocos. Cuando el tiempo lo permite, los mayores protagonistas son los rayos de sol.

En unas horas, sin embargo, todo cambia. Y es que pronto comienzan a despertar y a arribar a las calles del Madrid de los Austrias las primeras oleadas de turistas extranjeros. Grupos, pequeños y grandes, colonizan las plazas en las que se reúnen con los responsables de los walking tours «gratuitos», generalmente, guías no profesionales que aprovechan el recurso para sacarse unas propinas contando historias que sólo ellos conocen, sean reales o no. En unas pocas horas más, las terrazas ya cuelgan el cartel de «completo» y las aceras de las calles principales se han convertido en riadas en las que grandes grupos sin destino y desconocedores de las normas de circulación básicas bloquean el paso al vecino.

Casas de cambio y tiendas de souvenirs han colonizado los barrios del centro, en los que los residentes de toda la vida, los madrileños, cada vez son menos. Los hay que aguantan el tirón, la enorme subida del precio de los alquileres, inflados en el distrito por el inhumano empuje de los apartamentos de alquiler; y los precios prohibitivos en terrazas, bares y restaurantes, que ven en el turista su cliente predilecto, dejando al madrileño a su suerte. Los negocios de toda la vida —bares auténticos y pequeños comercios de proximidad— tuvieron que echar el cierre y sus locales fueron reconvertidos en productos adaptados para llamar la atención del de fuera. El turista viene a Madrid para comer lo mismo que come en su ciudad: poke hawaiano y hamburguesa de franquicia. La gentrificación es la mejor aliada de la turistificación: la ciudad es ahora sólo un bonito decorado y ni tan siquiera hay ya madrileños que molesten a los turistas.

En el Madrid viejo, todo parece haberse conjugado en contra del de aquí. Las nuevas políticas llaman a gritos al extranjero —y a la cartera llena que trae consigo— y el cambio avanza a pasos agigantados. En apenas cinco años, el número de viviendas destinadas al alquiler turístico temporal se ha incrementado en casi un 45%. Más de la mitad de todos los pisos turísticos de la ciudad de Madrid se concentran en el distrito Centro: el 52% de los alquileres turísticos temporales están en un reducidísimo espacio de 5,23 kilómetros cuadrados, el 1% del total del municipio.

A finales del pasado marzo, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, aseguró que la normativa promovida por el gabinete de Manuela Carmena respecto a los pisos turísticos había «fracasado», permitiendo «la proliferación de miles de viviendas de uso turístico». Carmena había tomado cartas en el asunto a mediados de 2018, cuando la proporción vecinos/turistas se disparó en Madrid de manera alarmante hasta alcanzar la ratio 1:1. En el distrito Centro, en 2018 el 45,7% de la población total se componía de turistas. 

El Madrid viejo amenazaba entonces, como ahora, con convertirse «en un parque temático» para turistas, a través del desarrollo de servicios exclusivos, destinados sólo a ellos y no a los residentes. También entonces, el progresivo pero brutal encarecimiento de los alquileres ya expulsaba a los madrileños de sus barrios históricos. Porque en el resto de la ciudad, la cifra de turistas sobre el conjunto poblacional era muy distinto: 4,71% —y 1,86% en los barrios municipales fuera de la almendra central—. Ahora, sin embargo, ni en alejarse de Madrid encuentras la salvación, ya que los alquileres en la periferia acompañan al crecimiento de los de la capital: 20% en Getafe, 10% en Parla, 6% en Pinto o Aranjuez.

Y es que el problema no es nuevo: es de ahora y es de entonces. Carmena estableció un plan de hospedaje —todavía en vigor— que exigía que las viviendas dedicadas al alquiler de uso turístico dispusieran de una licencia municipal expedida por el Ayuntamiento, junto al permiso que emitiera la Comunidad de Madrid, quien concentra la mayor parte de las competencias en la materia. Para obtener la licencia municipal, el apartamento turístico debería cumplir una serie de requisitos: debería disponer de una entrada diferenciada, ya que los turistas no podrían usar el portal, las escaleras comunes o el ascensor del edificio. Como es lógico, en un vecindario histórico como el del distrito Centro, la exigencia de estos requisitos suponía cerrar el grifo de licencias por completo. De hecho, en toda la ciudad de Madrid apenas el 2% de las viviendas cumplirían estos draconianos requisitos.

Las promesas de Ahora Madrid de cerrar el 95% de los apartamentos turísticos fueron bien acogidas por los vecinos, pero nunca se cumplieron. En su momento, Martínez-Almeida, por entonces líder de la oposición, aseguró que la medida del Gobierno de Carmena sería tumbada por los tribunales. Pero no fue así, y la propuesta se ratificó. 

Sin embargo, según Almeida, la medida de Manuela no cumplió su objetivo debido a la propia inacción del Ayuntamiento: «no puso multas ni abrió expedientes», lo que permitió que crecieran «los pisos ilegales». A pesar de lo que el dirigente popular prometió en junio de 2021, cuando PP y Ciudadanos presentaron la propuesta de permitir pisos turísticos tan solo en bajos y primeros, en 2022 anunció que no modificaría en absoluto la ordenanza de pisos turísticos de Carmena. Hoy, esta continúa en vigor, aunque incumplida, como entonces, por el propio Ayuntamiento. De las 625 viviendas dedicadas al alquiler turístico que el Ayuntamiento inspeccionó durante 2021, se ordenó el cese de actividad por incumplir los requisitos a 592: el 94,7%.

El equipo encargado de la inspección fue reducido en enero de 2022 desde las 22 personas con las que fue creado en 2018 —ocho administrativos, cuatro auxiliares jurídicos y diez arquitectos— a la mitad. Consecuentemente, los expedientes disciplinarios se redujeron en 2022 en un 74%. Ese año, tan sólo se ordenó el cese de 150 pisos turísticos por incumplir los requisitos municipales. 

Y mientras los políticos persisten en la senda de la inacción, el problema de Madrid con la vivienda sigue creciendo. En el distrito Centro hay más pisos turísticos que niños: entre la Plaza Mayor y Sol no se pueden contar ni 500 menores de 14 años por los casi 900 apartamentos turísticos anunciados. Y la cifra disminuye año a año: la proporción de jóvenes en la población del distrito ha pasado de 10,1% en 2005 y 9,2% en 2013 al 7,36% actual. El Centro de Madrid se muere poco a poco, a un ritmo de 203 vecinos al año. Sólo la inmigración y la enorme población temporal aseguran su crecimiento. 

Por cada vivienda que se alquila en Madrid para uso residencial, se ofertan 1,5 apartamentos turísticos. La ciudad cuenta con hasta 14.000 viviendas destinadas exclusivamente para su explotación turística, de las cuales en torno al 98% se oferta ilegalmente, sin la licencia municipal requerida. Lo absurdo de la situación es que no es necesaria la licencia municipal para comenzar a explotar un piso destinado al alquiler turístico, por lo que, en caso de no cumplir con los requisitos, el arrendador sencillamente no pide la licencia al Ayuntamiento. Hoy, el alquiler de un piso en Madrid es hasta un 82% más caro que el precio medio en el resto de ciudades españolas. El negocio del alquiler turístico motiva al arrendador a sacar su piso del mercado residencial tradicional, contribuyendo a aumentar aún más la demanda en un parque de viviendas insuficiente. 

Los años y los gobiernos pasan, pero el eterno problema de Madrid persiste. El ruido de las mochilas de colegiales sobre los adoquines a primera hora de la mañana pronto cesa. Sólo queda entonces el de las maletas de los turistas que visitan Madrid, ciudad de vacaciones, y entran por el portal común a su bonito apartamento turístico. 

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