La inmigración masiva sigue alterando la demografía española. En los últimos cuatro años, España ha recibido más inmigrantes mayores de 55 años que la población total de la ciudad de Málaga, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) analizados por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
El informe revela que entre 2021 y 2025 han llegado al país alrededor de 615.000 personas de esa franja de edad, una cifra que supera los 599.000 a 603.000 habitantes de Málaga capital. Este volumen representa casi uno de cada cinco inmigrantes que entraron en el periodo, y se concentra especialmente en los últimos años, cuando los flujos migratorios se intensificaron.
Este fenómeno contradice la idea extendida de que la inmigración serviría para rejuvenecer la pirámide poblacional y aliviar la presión sobre el sistema de pensiones. Lejos de aportar un saldo neto de jóvenes trabajadores, los datos muestran que el perfil de los recién llegados se está envejeciendo: en 2024, el 18% de los inmigrantes superaba ya los 55 años, una tendencia al alza que Funcas califica de «preocupante».
La mayoría de estos inmigrantes proceden de países extracomunitarios y acceden a España fundamentalmente por reagrupación familiar, no por motivos laborales. El estudio de Funcas subraya que este canal ha ganado peso frente a la inmigración económica tradicional, lo que explica el envejecimiento relativo de los flujos.
Expertos consultados por diversos medios advierten que esta dinámica podría agravar los desafíos demográficos a medio plazo, con mayores demandas en sanidad y prestaciones sociales y un menor aporte neto al mercado de trabajo. El dato de Málaga, convertido ya en referencia periodística, ilustra con crudeza cómo la inmigración masiva está reconfigurando la estructura de edad de España de forma inesperada.