Hong Kong: el gobierno reescribe la historia y falsifica la verdad sobre los hechos de Yuen Long

Cientos de manifestantes protestan en el aeropuerto internacional de Hong Kong. Denuncian los ataques de Yuen Long y piden la renunca de Carrie Lam. Viernes 26 de julio de 2019.

Ni siquiera en los relatos de Orwell los regímenes llegaban a tanto. Algunos de los ciudadanos atacados por mafiosos y abandonados por la policía el 21 de julio de 2019 ahora han sido arrestados.

En Rebelión en la granja, quizás la crítica más feroz y brillante de la dictadura soviética que se haya escrito en Europa, George Orwell describe con todo detalle una de las armas más poderosas en las manos de un régimen: la falsificación de la verdad a través de la manipulación de los hechos y la reescritura de la historia. En la novela es el Viejo Mayor, el cerdo, el encargado de distorsionar la realidad para ventaja de Napoleón y en detrimento de Snowball, con la ayuda del balido de las ovejas y el ladrido de los perros. A través de esta alegoría, Orwell hablaba de Stalin, de la degeneración de la revolución comunista, de la eliminación de Trotski con la ayuda de la propaganda, la policía secreta y las masas manipuladas. Orwell, socialista convencido, vivió durante la dictadura de Stalin, pero si hubiera vivido hoy, seguramente cambiaría la novela para adaptarla a la realidad china. De hecho, el régimen de Xi Jinping, en lo que se refiere a reescribir la historia, no se queda atrás. Todo lo contrario.

Qué sucedió en Yuen Long

Prueba de ello es lo que ha sucedido hace unos días en Hong Kong, donde la policía ha arrestado a trece personas, entre las cuales el diputado democrático Lam Cheuk-ting, con la acusación de haber participado activamente en los enfrentamientos que tuvieron lugar el 21 de julio de 2019 en la estación de metro de Yuen Long, durante las masivas manifestaciones antiextradición. Ese día, como han demostrado los numerosos vídeos disponibles online, cien hombres vestidos de blanco (algunos agitando la bandera china) y armados con porras, bastones y barras de metal, atacaron a cientos de civiles indefensos y desarmados dentro del metro. El ataque duró más de media hora y la policía, aunque recibió decenas de llamadas telefónicas, intervino solo 39 minutos después de la primera petición de ayuda. Cuando llegó la policía, un agente fue grabado mientras le daba una palmada en la espalda a uno de los agresores. En total, 45 personas acabaron en el hospital. No se arrestó ni se interrogó a nadie y un conocido diputado pro China fue grabado mientras se felicitaba por el asalto y le daba la mano a los violentos riéndose con ellos.

Este ataque premeditado (como demuestra este amplio reportaje), casi seguramente organizado por las tríadas mafiosas de Hong Kong, a las que el Partido Comunista chino recurre a menudo para los trabajos sucios -en este caso, asustar y disuadir a la población de manifestarse contra el gobierno- conmocionó a la ciudad de Hong Kong. Y lo hizo hasta tal punto que incluso la gobernadora Carrie Lam se puso de parte de los manifestantes hablando de episodio «impactante». Cinco días más tarde, el gobierno llamó a los autores de la violencia «criminales que han atacado de modo arbitrario a ciudadanos indefensos». La administración incluso pidió disculpas por la tardanza de la policía en actuar (cuyo favor entre la población cayó, en una sola noche, al mínimo histórico). Por su parte, el comandante de la policía dijo «sentirse triste» por el comportamiento inadecuado de los agentes, admitiendo un retraso de «casi 40 minutos», pero negando cualquier vínculo entre la policía y las tríadas.

Se reescribe la verdad

En noviembre, apenas cuatro meses después de lo sucedido, el nuevo jefe de la policía, Chris Tang, empezó a dar una nueva versión de los hechos diciendo que algunos manifestantes habían «causado problemas». Cuatro meses más tarde, en marzo [de este año], añadió que también entre los ciudadanos había algunos «criminales que habían incitado al odio» y que es «demasiado pronto» para decir si la policía debía pedir perdón. En mayo una comisión independiente (sobre el papel) exoneró a la policía y negó que esta hubiera intervenido tarde, mientras acusaba a «criminales con camiseta negra» [los manifestantes llevaban camisetas de este color] de haber fomentado la violencia.

Por último, hace pocos días, gracias a la nueva ley sobre seguridad nacional, la policía ha arrestado a trece víctimas de ese día, acusándolas de haber iniciado los enfrentamientos. El comisario Tang también ha retirado las declaraciones de su predecesor sobre la intervención de la policía, afirmando que en realidad los agentes llegaron a la escena 18 minutos después, una versión irreal que las grabaciones desmienten.

«La policía puede arrestarme cuando quiera»

Gwyneth Ho, experiodista de Stand News que grabó durante más de una hora y transmitió todo el ataque en vivo antes de ser, a su vez, asaltada y golpeada brutalmente, motivo por el que ha abandonado el periodismo, ha criticado en Facebook al nuevo comisario, acusándolo de mentir y de querer «reescribir la historia». Las mismas acusaciones han llegado del Partido Democrático, sobre todo ante el arresto del diputado Lam, al que ese 21 de julio de 2019 le fracturaron los dedos y le hirieron en el rostro, los brazos y las piernas. El presidente del partido, Wu Chi-wai, ha declarado: «En lugar de ocuparse de la brutalidad policial, las autoridades intentan reescribir la historia. Pero todos nosotros sabemos que la historia no puede reescribirse. Es solo un truco de un gobierno autoritario que intenta ignorar las peticiones del pueblo».

Ho, la periodista que lo grabó todo, ha añadido: «Grabé desde cada rincón del metro. El único desde el que no lo hice fue el rincón donde estaba la policía, porque ellos no estaban durante los ataques. Si bajo este gobierno constatar los hechos es un crimen, la policía puede venir y arrestarme en cualquier momento». Orwell no lo habría hecho mejor.

 

Publicado por Leone Grotti en Tempi.

Traducido por Verbum Caro para La Gaceta.

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