Un incendio declarado en la madrugada del 12 de julio ha destruido completamente la nueva mezquita de Piera (Barcelona), un centro de culto que aún no había abierto oficialmente sus puertas y cuya inauguración estaba prevista para las próximas semanas. Las llamas arrasaron el edificio en cuestión de minutos, dejando tras de sí solo escombros y reavivando la inquietud en un municipio marcado desde hace meses por un deterioro del clima de seguridad ciudadana.
El fuego comenzó en torno a las 03.30 de la madrugada en el inmueble situado en la carretera del Bedorc. Una llamada alertó a la Policía Local, que, junto a seis dotaciones de los Bomberos de la Generalidad, se desplazó con urgencia al lugar. A su llegada, el fuego ya había alcanzado buena parte de la estructura. Pese a los esfuerzos, las llamas devoraron todo el interior del edificio, que estaba completamente acondicionado para albergar a unas 500 personas.
No hubo que lamentar heridos, ya que la mezquita aún no estaba operativa al encontrarse pendiente de recibir la licencia de actividad por parte del ayuntamiento. Las tareas de extinción concluyeron hacia las 04.10, cuando los equipos de emergencia lograron dar por controlado el siniestro.
Los Mossos d’Esquadra han iniciado una investigación para esclarecer el origen del incendio. Aunque no se ha descartado ninguna línea de trabajo, las autoridades manejan distintas hipótesis, incluida la posibilidad de que se trate de un suceso provocado. La situación de tensión que vive la localidad desde hace meses ha obligado a tomar con cautela cualquier interpretación prematura.
El siniestro se produce semanas después de que Piera viviera una sucesión de episodios violentos vinculados al centro de menores tutelados ‘Castell de Fang’. Durante el pasado mes de mayo, la localidad fue escenario de robos, peleas y altercados que generaron una fuerte preocupación entre los vecinos y una creciente demanda de refuerzo policial. La percepción de inseguridad se ha convertido desde entonces en un tema de conversación recurrente en calles, comercios y reuniones vecinales.
La destrucción de la mezquita, lejos de ser un hecho aislado, se interpreta por muchos como un síntoma más del clima tenso y frágil que atraviesa la convivencia en el municipio. Mientras las autoridades tratan de esclarecer lo ocurrido, asociaciones vecinales insisten en la necesidad de recuperar la tranquilidad y reforzar la vigilancia para evitar nuevos incidentes.