«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Insultos, escupitajos… el precio de defender a España en la universidad

El coordinador de ‘Jóvenes de Societat Civil Catalana’ relata en La Gaceta la represión que sufren en las facultades catalanas los estudiantes no separatistas que tratan de expresar públicamente una opinión contraria a la independencia, especialmente en la UAB.

Un grupo de universarios dio un paso al frente en mayo de 2015 para dejar claro que “los jóvenes no están por la independencia”. Gestaron Jóvenes de Societat Civil Catalana «para dar voz a los catalanes que no se sienten nacionalistas, denunciar el monopolio que los independentistas pretenden ejercer sobre sobre los sentimientos y las opiniones de catalanes», algo «especialmente escandaloso sobre los jóvenes».
¿El coste? Un grupo de radicales nacionalistas los tiene en el punto de mira. En ocasiones les insultan, escupen y dan codazos. Pero, además, se sienten desamparados por la “pasividad” de la rectoría del campus.

Josep Lago, coordinador de Jóvenes de SCC, que además es estudiante de la Universidad Autónoma de Barcelona, relata en La Gaceta este duro panorama que sufren «muchos alumnos, pero desde la Universidad no se toman medidas, sino al contrario». Revela que a un colectivo creado en exclusiva para expulsar a Jóvenes de SCC de la UAB, la Universidad les cede material y mesas para que hagan estas actividades contra ellos.
«Otra evidencia de la complicidad de la Universidad Autónoma de Barcelona con la extrema izquierda nacionalista es que les ha permitido este martes previo a la huelga que se queden a dormir en la Facultad de letras. Esto les permite organizarse fácilmente, levantarse pronto, montar barricadas, cortar autopistas y colocar a los piquetes en diferentes facultades», denuncia este estudiante de Derecho y ADE, portavoz de la plataforma. Y critica que la Universidad «nunca condene el comportamiento violento y totalitario» de estos individuos.

Forman un grupo robusto presente por todo el territorio catalán. Hay jóvenes de esta entidad en cada comarca y campus universitario.
Hay profesores que han perdido el miedo y están denunciando este ‘acoso’. Por ejemplo, la profesora titular de Medios de Comunicación, Isabel Fernández Alonso, que envió una carta a la rectora, Margarida Arboix, en la que le recordaba que una universidad debe ser neutral y fomentar el debate político desde la serenidad en lugar de azuzar a los alumnos. Fernández ha denunciado la “pasividad” de la universidad ante “las acciones violentas de algunos estudiantes que agreden a otros solo por pensar de manera distinta”. También han alzado la voz Rafael Arenas, de la Facultad de Derecho y expresidente de SCC; o el profesor de Ciencias Políticas Gabriel Colomé, que, entre otros, firmaron en marzo un manifiesto contra la violencia radical en el campus.
SCC ha denunciado ante la Fiscalía las agresiones que sufrieron miembros de esta entidad en una carpa en la UAB en la que radicales “destrozaron” el expositor y quemaron una bandera española. Según explica Josep Lago, “el fiscal Miguel Ángel Aguilar ha imputado ya a 12 ‘antifas’ por coacciones, aunque ellos venden que es por rajar una bandera”.


“Les interesa que parezca que el Estado español es tan represivo que les piden cárcel por rajar lo que ellos llaman ‘un trapo’”, señala el portavoz de Jóvenes de Societat Civil Catalana.
-¿Y cuál es el precio de defender a España en las universidades de la Cataluña de Puigdemont?
A lo largo del curso sufrimos insultos, nos escupen y nos dan codazos. Buscan crear un clima de hostilidad para que desistamos de nuestra labor y callemos, con el objetivo de generar una sensación de homogeneidad para que parezca que todos somos independentistas.
-¿Y quiénes son estos sujetos?
Un grupo de extrema izquierda, nacionalista, con unos 150 componentes.
-¿Cuántos jóvenes hay detrás de Societat Civil Catalana en la Universidad de Barcelona? 
Si hablamos de personas activas que quieren dar la cara, teniendo en cuenta el clima de la Universidad, unos 15, pero somos más. Muchísima gente nos apoya en privado. Entre todos los miembros de las universidades sumamos alrededor de 60. Poco a poco se está perdiendo el miedo.
Pese a que haya estas personas violentas que inciden en el funcionamiento normal de la Universidad, poco a poco se está concitando una respuesta de jóvenes contrarios a la independencia y van saliendo iniciativas anónimas.
-¿Por ejemplo?
La de este miércoles. Hay una convocatoria anónima, movida por WhatsApp y Twitter, para concentrarse a las 8.30 delante de las facultades, para hacer presión social y cívica ante los piquetes violentos, y que estos no se salgan con la suya cortándonos el acceso a las aulas.
 Habrá huelga contra la aplicación del 155 y el encarcelamientos de los exconsejeros de Puigdemont y ‘Los Jordis’, y la gente está ya harta. En la Universidad Autónoma de Barcelona llevamos cerca de 10 días de huelga en menos de dos meses de clase entre piquetes y “paros generales”. Esto implica que casi dos semanas la universidad ha estado paralizada.
-Recordemos las prácticas de los separatistas para tratar de impedir el paso a la facultad y boicotearles las clases.


Cuando hay huelga ponen piquetes violentos en las entradas de las facultades y entonces nadie entra en clase. Hacen barreras con contenedores, sillas y mesas. Para impedirnos el paso lo que hacen es intimidar. Van encapuchados, muchas veces con palos y así tratan de intimidar.
Cuando intentas traspasarlas te dicen que no puedes. Al preguntar el motivo contestan que porque están movilizándose contra la represión franquista que implica el 155. Esto es un poco más o menos su argumentario, no tienen más. Todo se acaba reduciendo al franquismo.
Los alumnos que consiguen acceder tampoco dan clase porque los piquetes se plantan a las puerta del aula con altavoces o las sirenas de los megáfonos. Y a las puertas de las aulas te llaman esquirol, fascista, que estás en línea con el supuesto Estado franquista, un Estado represor, totalitario. Esa es su argumentario. No tienen otra.
-¿Detrás de qué marcas están estos radicales?
Se organizan bajo las siglas SEPC, que es el sindicato de estudiantes de los denominados ‘países catalanes’. Es un entramado muy grande y se van poniendo diferentes caretas. En ocasiones utilizan otros nombres, como Plataforma Antifascista, un grupo que crearon con el objetivo de expulsar a Joves de SCC de la UAB; o Autónoma Rebel, que es el movimiento que cuando hay huelga corta las carreteras.


En el SEPC se autodenominan falsamente antifascistas y no hacen más que comportarse como fascistas, sin el «anti».
-¿Y qué hace la Universidad?
En la Universidad nos han comentado que se limitarán a limpiar las pintadas que hay dos veces al año. Ahora está repleta de grafitis. Principalmente son contra el 155. Contra Societat Civil Catalana también hay alguno. Y eso nos hace mucho daño porque quién quiere pertenecer a un colectivo de estudiantes contra el que ponen pintadas en la universidad.

-Por suerte, hay profesores que también han perdido el miedo y denuncian este ‘acoso’.
Sí, cada vez más. La gente, en general, está perdiendo el miedo. Se dan cuenta de que es mejor reivindicar su opinión públicamente antes que permitir que el nacionalismo supremacista se salga con la suya. Y empiezan a organizarse. La movilización de este miércoles es para que más estudiantes pierdan el miedo y hacer presión contra los piquetes que impiden entrar a clase por motivos nacionalistas. Ya no estamos hablando si quiera de una reivindicación social, sino que hay un 50 por ciento de independentistas que mediante estos piquetes impiden al otro cincuenta por ciento no independentista secundar huelgas por motivos nacionalistas.

-Desde la Universidad manifiestan que han mostrado siempre su rechazo radical a cualquier tipo de violencia y a favor de la libre expresión de ideas…

A parte de limpiar las pintadas dos veces al año, no han hecho nada. Todo lo contrario. Dicen públicamente que ellos han trabajado para mejorar la convivencia, pero nunca explican cómo, porque no han trabajado o no han hecho nada. Y, por otra parte, estamos viendo que a este colectivo de antifascistas que actúa contra nosotros la Universidad le cede mesas y carpas.

Estamos teniendo que tragar que a un colectivo que se ha creado para expulsar a Jóvenes de SCC de la UAB, la Universidad les cede material y mesas para que hagan estas actividades contra nosotros. Por ejemplo, este mismo martes han proyectado una película en un cine de la Universidad. Otra evidencia de la complicidad de la Universidad Autónoma de Barcelona con la extrema izquierda nacionalista es que les ha permitido este martes previo a la huelga que se queden a dormir en la Facultad de letras. Esto les permite organizarse facilmente, levantarse pronto, montar barricadas, cortar autopistas y colocar a los piquetes en diferentes facultades. Ciertamente, la Universidad nunca condena el comportamiento violento y totalitario de estas personas.


Como ellos le dan la vuelta a todo se llama algo así como Cultura del odio, como si nosotros fuéramos los que estamos inculcando el odio. Pero es que la Universidad es cómplice. Para que te hagas una idea de lo que sucede aquí: Hace una semana hicimos un acto, con una seguridad brutal por parte de los Mossos de Esquadra. Al final logramos hacerlo. Ese día vinieron tantas personas que no cabían. Había más de 200 personas y alrededor de 50 que se quedaron fuera. Nosotros dijimos de proyectarlo fuera, pero no se nos permitió. En cambio, hoy sí permiten que estén haciendo pintadas a plena luz del día y a cara descubierta, y nadie les ha dicho que lo que están haciendo no se puede hacer.


Al final, estamos viendo que la Universidad es cómplice absolutamente de ellos y que funciona como un engranaje más de todo el movimiento independentista.
-¿La rectora de la Universidad pertenece a alguna plataforma separatista?
No, que yo sepa, pero sí que es muy cercana a todos los movimientos de Iniciativa, que son Podemos básicamente. Por otra parte, ella está o estaba en una comisión de mediación, no sé si todavía sigue, para mediar entre el Govern y Gobierno central, y tiene este posicionamiento ambiguo de unas veces me posiciono a favor y otras en contra según le pueda sacar más rédito a una cosa que a la otra.


 
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