Entre el año 2020, fecha de la crisis de Arguineguín, y lo que va de 2026, casi 170.000 inmigrantes ilegales han llegado a Canarias por vía marítima. Según datos combinados de fuentes de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras (CGEF) de la Policía Nacional y Frontex, consultados en exclusiva por LA GACETA. El total acumulado desde el estallido de la gran ola supera los 169.000 llegadas por la vía de la ilegalidad. De ellas, más de 166.000 se produjeron entre 2020 y 2025, a las que se suman los 3.184 inmigrantes ilegales contabilizados en lo que va de año.
El dato más preocupante no es sólo el volumen, sino el origen de la mayoría de estos inmigrantes ilegales. El perfil dominante se ha desplazado radicalmente del Magreb al Sahel profundo. En 2025 Mali se convirtió en la primera nacionalidad de llegada, con un 42%, seguida de Senegal con un 22% y Guinea con un 10%.
Marruecos, que en 2020 representaba más de la mitad de las entradas ilícitas, ha caído al 9 por ciento. Este cambio no es casual; Mali, Senegal, Guinea, Mauritania y Burkina Faso forman un arco geográfico que coincide con las zonas de máxima expansión del terrorismo yihadista saheliano, donde operan grupos como JNIM, vinculado a Al Qaeda, y Daesh-ISGS.
Fuentes policiales consultadas por LA GACETA alertan de que esta procedencia supone un cambio cualitativo en la presión migratoria. El origen en zonas de colapso estatal y alta actividad yihadista introduce variables de seguridad que antes no estaban tan presentes. El cribado en llegadas masivas se satura y el riesgo de filtración de perfiles problemáticos aumenta.
El Informe Anual de Seguridad Nacional 2025, aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional, ya advertía expresamente sobre esta realidad. El documento señala que la dinámica migratoria ilegal hacia España se encuentra intrínsecamente ligada a la inestabilidad en la franja del Sahel y el Golfo de Guinea, siendo este el factor principal que determina su evolución. El mismo informe recogía la preocupación por la posible filtración de antiguos combatientes dentro de estos flujos masivos con destino a las costas españolas y la posibilidad de instrumentalización por parte de amenazas exteriores, tanto por parte de terceros Estados como por actores no estatales vinculados al terrorismo yihadista o al crimen organizado.
La evolución de la ruta atlántica desde la crisis de Arguineguín confirma esta tendencia. Tras el récord de 46.843 llegadas en 2024, 2025 registró un descenso hasta 17.788, atribuido al refuerzo del control costero y a la externalización hacia Mauritania y Senegal. Sin embargo, fuentes policiales advierten de que este descenso es frágil y coyuntural, ya que no responde a una reducción de la presión estructural de origen, que Frontex prevé creciente. En lo que va de 2026 ya se han contabilizado 3.184 entradas ilegales, lo que indica que la ruta sigue activa.
Según los mismos datos combinados de fuentes policiales y Frontex, el grueso del impacto es reciente. De las 270.561 llegadas registradas entre 1994 y 2025, más del 61% se han producido desde la crisis de Arguineguín. Es decir, en apenas seis años ha llegado a Canarias más inmigración ilegal por vía marítima que en los veinticinco años anteriores.
Fuentes policiales consultadas por este medio insisten en que la saturación del sistema de acogida y el colapso de los centros de menas, con más de 5.000 tutelados en Canarias en 2025 y picos de ocupación del 160%, son consecuencia directa de este volumen sostenido. El perfil de estos menores también ha cambiado, muchos proceden de Mali y Burkina Faso, zonas en conflicto donde la protección internacional es más frecuente.
Los datos consultados por este medio ponen el foco también la dimensión humanitaria más dramática. Según los datos verificados caso por caso del Missing Migrants Project de la OIM, la ruta atlántica hacia Canarias es de las más mortíferas del mundo. En 2024 se registraron 1.167 víctimas verificadas y en 2025 la cifra ascendió a 1.214, las más altas de toda la serie histórica. Estas cifras, que la propia OIM considera mínimos conservadores, superan con creces las de cualquier otra ruta migratoria marítima del planeta.