«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
el campo, ante la imposibilidad de competir en igualdad de condiciones

La avalancha de cítricos extranjeros avalada por Bruselas fuerza a los agricultores españoles a arrancar sus naranjos

Recogida de naranjas.

La entrada masiva de frutas y hortalizas procedentes de terceros países se ha convertido en una de las principales denuncias del campo español. La incertidumbre, la falta de rentabilidad y la imposibilidad de competir en igualdad de condiciones figuran hoy entre los factores más dañinos para la actividad agrícola, hasta el punto de poner en riesgo la continuidad de miles de explotaciones y de bloquear el relevo generacional.

Agricultores y ganaderos con décadas de experiencia se ven obligados a descapitalizar sus explotaciones para resistir en un contexto marcado por los acuerdos comerciales impulsados desde Bruselas. Un escenario que, lejos de aliviar la presión sobre el sector, ha intensificado las protestas del campo en los últimos años, en plena inestabilidad geopolítica y con una Política Agraria Común cada vez más alejada de la realidad productiva española.

Los representantes agrarios insisten en que el problema no se limita a una cuestión puntual de oferta y demanda. El impacto de los acuerdos preferenciales con terceros países resulta progresivo y estructural. Importar decenas de miles de toneladas adicionales de cítricos en una campaña no colapsa de inmediato el mercado nacional, pero el goteo constante acaba erosionando la competitividad de las producciones españolas, que soportan costes muy superiores.

Cítricos, el ejemplo más sangrante

El caso de los cítricos ilustra con especial crudeza esta realidad. Naranjas y mandarinas concentran buena parte del malestar del sector, con comparaciones inevitables con Sudáfrica, Marruecos, Egipto o Brasil. Estos países aprovechan su ventaja en costes laborales y marcos regulatorios mucho más laxos para producir a precios imposibles dentro de la Unión Europea.

Mientras los agricultores españoles asumen elevados costes fijos y cumplen los máximos estándares en seguridad fitosanitaria y derechos laborales, las importaciones procedentes de estos países acceden al mercado comunitario en condiciones prácticamente idénticas. El resultado es una pérdida sostenida de producción nacional: de los cerca de ocho millones de toneladas de cítricos cosechadas hace unos años se ha pasado a una previsión de alrededor de 5,6 millones de toneladas para la campaña 2025/2026, 1,6 millones de toneladas por debajo de la media histórica. En paralelo, competidores como Sudáfrica y Marruecos ganan peso de forma constante.

Arranque de naranjos y ruina del productor

Los márgenes asfixiados y la imposibilidad de competir con las mismas reglas dejan imágenes cada vez más habituales en el campo español. Una de ellas, el arranque de naranjos en la provincia de Córdoba, fue difundida recientemente por el diputado nacional de VOX, José Ramírez del Río.

«La importación de naranjas desde Sudáfrica, Egipto y Brasil ha hundido el precio de los cítricos en España. Tras resistir cuatro años de precios ridículos, por debajo de coste, los agricultores de Córdoba y de Valencia están quitando naranjos. Nos quedarán los cítricos llenos de mierda y de químicos traídos de fuera. La ruina del campo español», denunció el parlamentario al compartir las imágenes de un agricultor observando cómo una excavadora arrancaba varios árboles.

El propio agricultor, con ironía y resignación, resumía el sentir del sector: «Estamos en Córdoba arrancando naranjos porque se merecen más estar en Sudáfrica, Egipto y Marruecos que los que hay aquí. Allí pagan mejores sueldos que en España también». Y concluía con un mensaje directo a las instituciones: «Muchas gracias a todos nuestros políticos, a los de España y a los de la UE, gracias por todo. Gracias por arruinarnos».

Los datos respaldan la indignación del campo. Sudáfrica se consolida como el caso más sangrante. Entre enero y octubre, España ha importado 65.403,04 toneladas de naranjas y mandarinas sudafricanas, un 41,98% más que en el mismo periodo de 2024. Este aumento se produce después de que la Unión Europea eliminara por completo el arancel a la naranja sudafricana entre el 15 de octubre y el 30 de noviembre, justo al inicio de la campaña española.

También Marruecos ha multiplicado su presencia en el mercado nacional. Las importaciones procedentes del reino alauí han pasado de 7.341,97 toneladas a 27.325,47 toneladas entre enero y octubre, un incremento del 272,1%, casi cuatro veces más en apenas un año.

El caso de Egipto presenta una evolución distinta. Las importaciones de naranja fresca han caído de 105.502,96 toneladas a 28.805,37 toneladas, aunque este descenso se explica por el giro estratégico del país africano hacia la industria del zumo. Egipto se ha convertido ya en una referencia mundial en este segmento y ha superado incluso a Brasil como segundo suministrador de zumo de naranja a España.

Para el campo español, el mensaje resulta claro: los acuerdos comerciales firmados por la Unión Europea favorecen a productores externos mientras condenan a la agricultura nacional a competir en inferioridad permanente. La consecuencia no sólo es económica, sino también social y territorial. Sin rentabilidad no hay relevo generacional, y sin agricultores no hay soberanía alimentaria.

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