La cruz de madera instalada hace apenas dos semanas en la cima del Aneto ha sido recolocada este domingo por varios montañeros después de haber sido arrancada y arrojada montaña abajo en un nuevo episodio que ha provocado indignación entre aficionados al alpinismo y vecinos del Pirineo aragonés.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran de nuevo la cruz erguida a 3.404 metros de altitud, sobre la cumbre más alta de los Pirineos, apenas un día después de que fuese localizada en la cresta de Llosas tras haber desaparecido de la cima en circunstancias que numerosos montañeros consideran deliberadas.
La pieza, fabricada en madera de nogal y con un peso aproximado de 35 kilos, había sido colocada el pasado 9 de mayo por el joven francés Maël Le Lagadec, de 18 años. El montañero decidió tallarla y cargarla hasta la cumbre después de conocer la desaparición de la histórica cruz de aluminio instalada en el Aneto desde 1951.
El gesto del joven francés despertó una enorme repercusión en España y Francia. El vídeo de la ascensión, difundido en redes sociales, mostró el esfuerzo de transportar la cruz hasta la cima y fue recibido como un homenaje a una de las tradiciones más arraigadas del Pirineo.
Sin embargo, apenas dos semanas después de su instalación, la cruz apareció arrancada y arrojada ladera abajo. Fueron dos montañeros que ascendían al Aneto por el corredor Estasen quienes la localizaron este viernes en la cresta de Llosas. Las últimas fotografías tomadas el jueves todavía mostraban la cruz en pie.
La rápida reacción de varios alpinistas permitió recuperar la estructura y devolverla a la cima apenas horas después de su hallazgo. Las nuevas imágenes muestran a varios montañeros colaborando para fijarla de nuevo sobre la roca.
La desaparición tanto de la cruz histórica como de la nueva cruz de nogal ha reabierto el debate sobre la presencia de símbolos religiosos en espacios naturales públicos. Numerosos aficionados a la montaña defienden que forman parte de la identidad histórica y cultural del Pirineo y del legado de generaciones de montañeros.
Para muchos vecinos y alpinistas, estas cruces trascienden el ámbito religioso y representan una tradición vinculada a la historia de las ascensiones y a la memoria colectiva de las cumbres pirenaicas.
Por segunda vez en pocas semanas, la cruz del Aneto ha caído y ha vuelto a levantarse. Y, de nuevo, han sido los propios montañeros quienes la han devuelto al techo de los Pirineos.