
La Dirección General de Tráfico ha provocado malestar entre numerosos católicos después de utilizar en una campaña sobre las balizas V16 una expresión considerada irreverente para referirse a las medallas de la Virgen que muchos conductores llevan colgadas del retrovisor, según recoge El Debate.
La polémica nace de una pieza promocional difundida en redes y medios afines, en la que la DGT recurre a un tono jocoso para defender el uso de las nuevas balizas. En el vídeo se afirma: «Está muy bien que llevar esa medallita colgada del retrovisor te dé seguridad», una frase que ha sido interpretada como una alusión directa y despectiva a una práctica religiosa profundamente arraigada entre muchos conductores católicos.
La campaña llega después del fracaso comunicativo en torno a las balizas V16, cuya implantación ha estado marcada por dudas, mensajes contradictorios y falta de claridad para los conductores.
Fabricantes e importadores llevaban tiempo reclamando a la DGT una campaña de apoyo, ya que las ventas se habrían frenado desde comienzos de año en medio de la confusión sobre su obligatoriedad y sobre el supuesto período de gracia en el que no se multaría a los usuarios.
En lugar de aclarar de forma sobria y eficaz las obligaciones de los conductores, la DGT ha optado por una pieza que ha terminado desviando el foco hacia una nueva controversia cultural y religiosa.
El uso de la palabra «medallita» ha generado indignación entre católicos que consideran que el organismo público se permite bromear con símbolos cristianos de un modo que difícilmente emplearía con signos de otras religiones.
La cuestión no es menor. Para muchos creyentes, llevar una medalla de la Virgen en el coche no es un adorno supersticioso ni una rareza folclórica, sino una expresión de fe, protección y devoción personal.
La campaña ha sido vista como otra muestra del tono condescendiente con el que determinadas instituciones públicas tratan con frecuencia las referencias cristianas, mientras extreman el cuidado cuando se trata de otros símbolos religiosos o identitarios.
La DGT pretende ahora impulsar la compra de las balizas V16 de cara a los desplazamientos de verano, pero lo hace tarde y con una campaña que ha abierto un frente innecesario.
Los fabricantes llevaban meses solicitando una comunicación más clara para explicar a los conductores el uso de este accesorio de seguridad. Sin embargo, la campaña llega cuando muchos usuarios siguen sin tener claro el alcance de la obligación y cuando estos dispositivos ya se encuentran en internet por poco más de 10 euros.
El resultado es una nueva polémica para la DGT, que vuelve a quedar atrapada entre su incapacidad para explicar correctamente una medida de tráfico y una comunicación institucional que parece más preocupada por llamar la atención que por respetar la sensibilidad religiosa de millones de españoles.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una vieja doble vara de medir: la facilidad con la que algunos organismos públicos trivializan los símbolos católicos y la extrema prudencia que muestran ante cualquier otra sensibilidad religiosa o cultural.