Nueve meses y medio después del accidente ferroviario de Adamuz, que dejó 46 fallecidos, las víctimas y sus familias continúan esperando una explicación sobre las causas del siniestro. La investigación mantiene pendientes diligencias esenciales: todavía no se han examinado las cajas negras del Iryo y siguen sin localizarse los registradores del Alvia, según la documentación judicial citada por Artículo14.
La próxima actuación está prevista para el 12 de noviembre. La magistrada Cristina Pastor, titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Montoro, ha convocado a especialistas de Renfe, Iryo y otras compañías, junto con varios peritos, para estudiar los registros del convoy italiano. Su contenido podría ayudar a reconstruir la secuencia del descarrilamiento y la posterior colisión.
Entre las hipótesis que examina la Guardia Civil destaca una posible fractura en la soldadura que unía dos tramos de carril, fabricados en 1989 y 2023. Los investigadores también analizan el desgaste de la vía y las condiciones del balasto, la capa de piedra triturada que sostiene la infraestructura ferroviaria.
Sin embargo, un informe elaborado por Ayesa para Adif había considerado aptas las 114 soldaduras inspeccionadas en el puesto de banalización de Adamuz. Los controles se realizaron entre mayo y junio de 2025, aunque el documento fue revisado y firmado el 27 de enero, después del accidente. Dos uniones del punto kilométrico 318 figuraban como correctas tras las comprobaciones visuales, geométricas y mediante ultrasonidos. Aquellos resultados no descartan la aparición posterior de fisuras.
Mientras avanza el examen de la infraestructura, la búsqueda de los registradores del Alvia sigue sin dar resultado. El 23 de octubre, después de desplazar unas 350 toneladas de restos, agentes de Policía Judicial y técnicos de Actren encontraron los dos armarios de conexiones situados junto a esos dispositivos, pero no los aparatos que almacenaban los datos.
La intervención llegó después de una primera inspección, realizada el 14 de octubre en una chatarrería de Dos Hermanas. Los restos estaban amontonados hasta unos ocho metros de altura. Se utilizó una grúa para observarlos desde arriba y se revisaron fotografías de su descarga. Los especialistas concluyeron que la parte buscada probablemente había quedado bajo el conjunto de materiales.
Los registradores estaban sujetos mediante escuadras, no alojados dentro de los armarios, según explicó la Guardia Civil al juzgado. La posibilidad de que se desprendieran durante el impacto permanece abierta. Estos equipos conservan información sobre velocidad, frenadas y funcionamiento de los sistemas de seguridad.
La investigación continúa tras otra tragedia ferroviaria en el mismo corredor entre Madrid y Andalucía. El accidente de Urda, en Toledo, ha causado 69 muertos apenas diez meses después del siniestro de Adamuz.