La Guardia Civil investiga si las presiones para evitar retrasos ferroviarios pudieron influir en la decisión adoptada por el centro de control de Adif que precedió al accidente de Urda (Toledo), donde la colisión entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo ha provocado decenas de víctimas mortales. Las pesquisas buscan determinar si la orden de reanudar la circulación respondió exclusivamente a un error individual o estuvo condicionada por las circunstancias organizativas y la necesidad de restablecer el servicio.
Según informa este jueves la agencia Colpisa, en una investigación firmada por Melchor Sáiz-Pardo, los agentes examinan si detrás del posible fallo humano existieron presiones para poner nuevamente en marcha los convoyes y evitar que continuaran acumulándose retrasos.
La investigación cobra especial relevancia después de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, señalara públicamente la decisión de un trabajador del centro de control de Adif como el origen del siniestro, calificando de «inexplicable» que se autorizara al AVE a continuar su recorrido cuando otro tren permanecía detenido en la misma vía.
Sin embargo, las pesquisas no se limitan a la actuación individual del empleado. También pretenden esclarecer las condiciones en las que se gestionó la emergencia, los protocolos de seguridad aplicados y las posibles deficiencias organizativas que pudieron intervenir en la cadena de acontecimientos.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ya había identificado errores humanos y problemas de organización en al menos otros tres incidentes ferroviarios recientes registrados en circunstancias semejantes. Las investigaciones anteriores habían puesto de manifiesto la importancia de reforzar los procedimientos de circulación cuando los sistemas automáticos de seguridad dejan de funcionar correctamente.
Además, durante los últimos cinco años se han sucedido denuncias de trabajadores ferroviarios sobre las presiones para recuperar cuanto antes la circulación, incluso en situaciones en las que los sistemas de protección funcionan de manera degradada.
Las advertencias coinciden con los testimonios recogidos este jueves por El Debate, que ha consultado a fuentes ferroviarias que denuncian falta de formación, averías recurrentes y exigencias para resolver rápidamente las incidencias. «Les meten mucha presión para solventar las cosas rápido y no meterle tiempo al tren», han señalado estas fuentes, que sostienen que las condiciones laborales y la formación de los responsables de circulación deberían formar parte de las investigaciones.
Los trabajadores también han denunciado lo que consideran una tendencia a concentrar las responsabilidades en el último empleado que interviene antes de un accidente, sin examinar suficientemente las decisiones organizativas anteriores. «Se van a cargar al chiquillo como se cargaron al compañero de Angrois. Distintas situaciones, mismo fondo», han advertido.
El centro de control autorizó al AVE a continuar con «marcha normal»
Las grabaciones de las comunicaciones ferroviarias conocidas después del accidente permiten reconstruir los minutos anteriores al choque. Alrededor de las 8.30 horas del miércoles, una avería del sistema automático de seguridad LZB provocó la detención de varios trenes que circulaban por la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla.
La incidencia obligó a los trabajadores del centro de control de Adif en Atocha a asumir la regulación de los movimientos ferroviarios mediante procedimientos alternativos. A las 8.36 horas, un operador autorizó al AVE de Renfe a reanudar la circulación con «marcha normal», una instrucción cuya adecuación a los protocolos constituye uno de los principales elementos de la investigación.
Según la explicación ofrecida por el Ministerio de Transportes, en aquellas circunstancias debería haberse aplicado el procedimiento de «marcha a la vista», que exige circular con precauciones especiales y permite limitar la velocidad a 40 kilómetros por hora. Sin embargo, el AVE continuó avanzando mientras el Iryo permanecía inmovilizado cerca de Urda.
A las 8.41 horas, la maquinista del segundo convoy comunicó al centro de control que seguía detenida. Posteriormente, volvió a informar de que no había conseguido solucionar la incidencia. A las 8.53 horas, el AVE alcanzó al Iryo, provocando una violenta colisión que causó el descarrilamiento de varios vagones.