La muerte de tres médicos internos residentes en apenas seis meses ha vuelto a poner el foco sobre las condiciones en las que trabajan los MIR en España. El último fallecimiento se produjo en el Hospital Universitario de Canarias, en Tenerife, en el servicio de Anestesiología, y ha reabierto una preocupación creciente dentro del colectivo médico: el desgaste físico y mental de unos profesionales que empiezan la residencia con vocación de servicio y terminan, en muchos casos, atrapados por guardias interminables, falta de descanso y una presión asistencial cada vez mayor.
Según ha explicado la Asociación MIR España (AME) a El Debate, el suicidio «tiene una etiología muy compleja y multifactorial» y «no se puede asociar a una causa concreta». La organización rechaza reducir estos casos únicamente a las condiciones laborales o a la dureza de la residencia, pero advierte de que esos factores sí pueden actuar «como precipitantes» en situaciones de especial vulnerabilidad.
AME evita atribuir de forma directa los tres fallecimientos a un mismo origen y subraya que no todos los casos pueden calificarse como suicidios. Sin embargo, la asociación sí constata una realidad de fondo: ha aumentado la preocupación por la salud mental de los profesionales sanitarios y por el desgaste que sufren los médicos desde etapas muy tempranas de su carrera.
El malestar no afecta sólo a los residentes. También alcanza a los facultativos ya formados, que denuncian desde hace meses la presión acumulada dentro del sistema sanitario. La crisis se ha hecho visible en las protestas por el Estatuto Marco, donde los médicos han cuestionado situaciones que durante años fueron asumidas como normales: jornadas de 17, 24 o incluso 30 horas seguidas atendiendo pacientes, muchas veces en servicios de alta exigencia y con vidas humanas en juego.
«Nadie imaginaría a un piloto de avión, con la responsabilidad y las vidas humanas que tiene a su cargo, trabajando 17 horas seguidas», critican desde AME. La comparación resume una de las principales denuncias del colectivo: la sanidad ha normalizado niveles de cansancio y presión que resultarían inaceptables en otras profesiones con responsabilidad directa sobre la seguridad de las personas.
A esta situación se suma la sobrecarga asistencial. Las plantillas no se cubren con los profesionales necesarios para atender adecuadamente a la población y, en lugar de reforzar los servicios con más facultativos, el sistema recurre a los residentes. AME denuncia que los MIR están siendo utilizados para sostener la actividad diaria, pese a que «no deberían formar parte de la estructura permanente del sistema».
La asociación alerta también de que cada vez hay más médicos con síntomas de burnout desde fases iniciales de su carrera. Otros directamente abandonan la profesión o buscan salidas fuera de España. El problema, advierte AME, no se resuelve sólo ampliando el número de plazas MIR si después las condiciones siguen siendo las mismas.
Tras los últimos fallecimientos, se prevé incorporar escalas de valoración del riesgo psicosocial. AME también impulsará un programa piloto y ya ha solicitado su puesta en marcha en el Colegio de Médicos de Málaga, con la intención de coordinarlo con el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo, una herramienta que los colegios profesionales ofrecen desde hace años.
La asociación, no obstante, reclama al Ministerio de Sanidad que no limite la respuesta a programas de salud mental si no afronta el problema estructural. Estos proyectos, advierte, pueden ser útiles, pero sin mejores condiciones laborales equivalen a intentar reparar «una tubería con fugas».
El debate de fondo es si el sistema sanitario español está sosteniéndose sobre el sobreesfuerzo de sus profesionales más jóvenes. Para AME, la respuesta no pasa sólo por elevar las plazas MIR a 15.000 o 16.000, sino por analizar por qué tantos médicos terminan quemados, abandonan la bata o se marchan a otros países. La muerte de tres residentes en medio año ha colocado de nuevo esa pregunta en el centro de la crisis sanitaria.