El Gobierno de Pedro Sánchez llegó al inicio del curso en Ceuta con una promesa muy concreta: reforzar la seguridad en colegios, institutos y rutas escolares después de la entrada masiva de inmigrantes de finales de julio. El primer día de clase, sin embargo, ha dejado una imagen bastante menos contundente que la anunciada por el Ejecutivo. Familias de distintos centros han denunciado la ausencia del despliegue policial y militar que esperaban y algunos colegios han arrancado con un dispositivo limitado a vigilantes privados.
El contraste resulta especialmente incómodo para el Ministerio de Educación porque las garantías ofrecidas durante las últimas semanas fueron explícitas. El secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, anunció presencia uniformada en las inmediaciones de los centros, las rutas escolares, las paradas de autobús, las entradas, las salidas y los recreos. El dispositivo debía contar con Policía Nacional, Guardia Civil, Fuerzas Armadas, Policía Local y Protección Civil.
La promesa no era genérica. Educación presentó el dispositivo como una de las principales garantías para conseguir que más de 16.000 alumnos regresaran a las aulas con normalidad después de semanas de tensión, ocupaciones temporales de centros y preocupación entre padres y profesores. El Gobierno sostuvo además que los efectivos estarían especialmente presentes en las franjas más sensibles del día y en aquellos puntos considerados de mayor riesgo.
Pero la fotografía del primer día no ha respondido en todos los centros a ese compromiso. El Periódico de Ceuta informa de que en la mayoría de colegios e institutos no se desplegó el dispositivo policial y militar que esperaban las familias y que, en algunos casos, la seguridad quedó reducida a vigilantes privados en los accesos.
La falta de una imagen homogénea de protección ha alimentado aún más la desconfianza. En el CEIP Reina Sofía, uno de los centros que fue utilizado para alojar temporalmente a menores inmigrantes, El Faro de Ceuta ha constatado un arranque con poca asistencia y sin el refuerzo de seguridad esperado por parte de algunas familias. Varios padres han optado por no llevar a sus hijos hasta comprobar si el dispositivo prometido se materializaba.
La situación evidencia hasta qué punto el Gobierno vinculó el éxito de la vuelta al cole a un despliegue que ahora aparece, al menos en parte, por debajo de las expectativas generadas por sus propios anuncios.
La ministra de Educación, Milagros Tolón, había insistido apenas unas horas antes en que los centros eran seguros y que habría seguridad privada en todos los colegios de Ceuta, incluidos los concertados. Esa vigilancia interior debía complementarse con presencia uniformada en el exterior.
El problema para el Ejecutivo es que buena parte de la inquietud de las familias no se refería únicamente a lo que pudiera ocurrir dentro de las aulas, sino precisamente a los trayectos, los accesos y los alrededores de los colegios. Esa era la razón por la que Educación había anunciado la participación conjunta de distintos cuerpos policiales, militares y servicios de emergencia.
La falta de claridad sobre el despliegue real ha dejado además a los padres sin una cifra oficial que permita conocer cuántos centros han recibido refuerzo, qué unidades han sido movilizadas y con qué distribución. Mientras el Gobierno insistía en garantizar la normalidad, la experiencia relatada por familias y recogida por varios medios locales ha sido desigual.