«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La principal preocupación se concentra en El Príncipe

Las Fuerzas de Seguridad alertan de ONG que buscan prolongar la estancia de inmigrantes ilegales en Ceuta y de coacciones a ciudadanos para que los acojan

Cruz Roja en Ceuta.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad alertan del riesgo de que la permanencia en Ceuta de miles de inmigrantes ilegales llegados durante la invasión del pasado 30 de julio termine provocando una fractura social en la ciudad autónoma. La principal preocupación se concentra en El Príncipe, la barriada con mayor población musulmana, donde fuentes policiales denuncian coacciones dirigidas a sus vecinos para que acojan a los recién llegados.

Según fuentes de las Fuerzas de Seguridad citadas por El Confidencial, desde el mismo día de la entrada masiva comenzaron a circular vídeos, grabados desde el otro lado de la frontera, en los que se acusaba de «infieles» a los musulmanes ceutíes por no ayudar y alojar a quienes habían cruzado desde Marruecos.

«Desde el minuto uno vimos que iban a intentar quedarse en El Príncipe», explican las fuentes policiales. Las grabaciones señalaban directamente a los residentes de la barriada y cuestionaban su condición de «buenos musulmanes» por no abrir sus viviendas a los recién llegados.

La presión tuvo una respuesta prácticamente inmediata. Al día siguiente comenzaron a difundirse vídeos grabados desde el propio barrio en los que vecinos aseguraban que estaban organizándose para alojar a los inmigrantes y defendían que no abandonarían a sus «hermanos» en la calle.

Las Fuerzas de Seguridad interpretan estos mensajes como una forma de «coaccionar» a la población musulmana de Ceuta y advierten de sus posibles consecuencias sobre la convivencia. «En esos vídeos se amenaza a los vecinos musulmanes y se señala específicamente el barrio del Príncipe», explican.

Un barrio de difícil acceso para la Policía

El Príncipe constituye además uno de los puntos más delicados para las Fuerzas de Seguridad. «Es un barrio de difícil acceso para las fuerzas y cuerpos de seguridad y allí la Policía Nacional no es bien recibida», señalan fuentes policiales.

La situación se ha agravado por la permanencia de parte de los inmigrantes que entraron en la ciudad durante la avalancha. Casi un mes después, el Gobierno sigue sin ofrecer una cifra precisa de cuántos permanecen en Ceuta. El Ejecutivo ha situado el número en torno a 5.000, mientras las autoridades ceutíes lo elevan hasta aproximadamente 10.000.

La diferencia entre ambas estimaciones alcanza, por tanto, las 5.000 personas en una ciudad de apenas 83.000 habitantes.

Durante estas semanas, calles, plazas y otros espacios de El Príncipe, además de diferentes playas de Ceuta, han servido como lugares de asentamiento para parte de los inmigrantes. Al mismo tiempo han aparecido iniciativas ciudadanas y organizaciones dedicadas a proporcionarles comida, alojamiento y otros recursos.

Las fuentes consultadas distinguen entre la ayuda prestada por solidaridad —o incluso por el temor de algunos residentes a ser señalados— y la actividad de determinadas organizaciones que, según denuncian, utilizarían la asistencia humanitaria para favorecer que los inmigrantes permanezcan en Ceuta.

«Están apareciendo organizaciones que se camuflan en ayuda humanitaria para facilitar que se queden y no vuelvan», aseguran. Según estas fuentes, existiría una «intencionalidad de prolongar la presencia de esos jóvenes en Ceuta» con el objetivo de «generar fractura social y crispación».

Cuatro perfiles entre quienes entraron en Ceuta

Las Fuerzas de Seguridad también han identificado distintos perfiles entre las decenas de miles de personas que cruzaron la frontera el 30 y 31 de julio.

Un primer grupo estaría compuesto por jóvenes marroquíes, aproximadamente de entre 14 y 30 años, que participaron en la movilización para demostrar la vulnerabilidad de la frontera, grabarse en territorio español y posteriormente regresar a Marruecos. Según las fuentes citadas, algunos pretendían también exhibir la debilidad de las autoridades marroquíes coincidiendo con las celebraciones del Día del Trono.

Un segundo perfil corresponde a ciudadanos procedentes de familias marroquíes muy humildes que, después de alcanzar Ceuta, han tratado de permanecer en territorio español. Las fuentes policiales advierten de que algunos integrantes de este grupo «pueden ser muy violentos».

El tercer grupo está formado por inmigrantes subsaharianos cuyo objetivo es alcanzar territorio europeo. A ellos se suman otros colectivos especialmente vulnerables que preocupan a las autoridades, entre ellos menores y mujeres jóvenes que ejercían la prostitución en Marruecos.

«Es el germen de la fractura social»

La preocupación de las Fuerzas de Seguridad se centra ahora en las consecuencias de que la situación deje de ser provisional y termine consolidándose. «Es el germen de la fractura social», advierten las fuentes, que rechazan que la ciudad autónoma termine convertida en «el CIE de Europa».

La tensión ya ha comenzado a trasladarse a las calles. Este jueves se produjeron momentos de especial conflictividad en las playas de Ceuta. En El Trampolín, varios manifestantes ceutíes irrumpieron en la zona y quemaron asentamientos utilizados por inmigrantes, mientras en la playa de Benítez también se registraron episodios de tensión.

Los incidentes llegan además después de que cuatro militares resultaran heridos en la madrugada del jueves en una emboscada protagonizada por un grupo de entre 30 y 40 inmigrantes en la zona de Benzú. Doce personas fueron detenidas por su presunta participación en el ataque.

Casi un mes después de la entrada masiva, la incertidumbre sobre el número de inmigrantes que continúa en Ceuta, su concentración en determinadas zonas y la creciente tensión entre residentes y recién llegados han convertido la cronificación de la crisis en una de las principales preocupaciones de las Fuerzas de Seguridad.

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