Un informe de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) ha desvelado un cambio profundo en el mercado citrícola europeo durante la última década, marcado por el avance de las importaciones y el retroceso de la producción comunitaria. El documento, basado en cifras del Ministerio de Agricultura y presentado recientemente en Bruselas ante representantes de las instituciones europeas, alerta de una «sustitución» progresiva de los cítricos europeos por producto procedente de terceros países.
Entre 2015 y 2025, la cuota de mercado de los cítricos cultivados dentro de la Unión Europea ha pasado del 71,1% al 62,5%, mientras que las importaciones han crecido de forma paralela hasta alcanzar el 37,5%. En términos globales, esto supone un desplazamiento del 8,6% en favor de productos foráneos, muchos de ellos procedentes de miles de kilómetros de distancia.
El fenómeno se observa con especial intensidad en el segmento de las mandarinas. En apenas diez años, la presencia de fruta europea en este mercado ha caído casi veinte puntos, pasando de superar el 80% a situarse en torno al 61,6%. Desde la organización agraria consideran este dato especialmente preocupante, al tratarse de una de las producciones más representativas del arco mediterráneo.
Las cifras más recientes refuerzan esta tendencia. Sólo en 2025 —con datos hasta octubre—, las importaciones de cítricos en la UE alcanzaron 1,93 millones de toneladas, lo que supone un incremento tanto respecto al año anterior como a la media de los últimos ejercicios. En valor económico, se superó por primera vez la barrera de los 2.000 millones de euros.
En cuanto al origen de estos productos, Sudáfrica lidera ampliamente los envíos, concentrando cerca de la mitad del total. Le siguen Egipto, Turquía, Marruecos y Argentina, que completan el grupo de principales exportadores hacia el mercado europeo.
Este aumento de las importaciones no sólo tiene impacto en cifras agregadas, sino también en campañas concretas. Por ejemplo, la llegada masiva de naranjas sudafricanas en otoño ha coincidido con el arranque de la variedad Navelina en España, reduciendo su demanda. De igual modo, los envíos egipcios durante el primer semestre han solapado su comercialización con otras variedades como Navel o Valencia. En el caso de las mandarinas, la entrada de fruta del hemisferio sur ha restado protagonismo a las producciones tempranas valencianas.
Ante este escenario, AVA-ASAJA reclama una revisión en profundidad de los acuerdos comerciales de la Unión Europea con países terceros. Entre ellos, señala especialmente los firmados con Sudáfrica, Egipto, Turquía y Marruecos, así como el futuro pacto con Mercosur. La organización exige que se garantice una competencia en igualdad de condiciones, con las mismas exigencias fitosanitarias, laborales y medioambientales para todos los productos que accedan al mercado europeo.
Asimismo, pide reforzar los controles en origen, ampliar los tratamientos en frío para evitar la entrada de plagas y, en última instancia, restringir las importaciones de aquellos países que no puedan asegurar los estándares requeridos.
El debate se intensifica con la inminente aplicación provisional del acuerdo con Mercosur, prevista para el 1 de mayo. Desde el sector agrario se teme que este tratado incremente aún más la presión sobre los productores europeos, especialmente en segmentos como el zumo, donde países como Brasil tienen una posición dominante a nivel mundial.
El presidente de AVA-ASAJA advierte de que la política comercial comunitaria está favoreciendo un modelo en el que se incrementan las exigencias internas mientras se flexibiliza la entrada de productos exteriores. A su juicio, esta dinámica pone en riesgo la viabilidad de la agricultura europea y su capacidad de autoabastecimiento, al tiempo que debilita la posición de los productores frente a competidores con menores costes y regulaciones más laxas.