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Su fanatismo climático le hace derrumbar presas en plena época de sequía

Las políticas del PSOE provocan el éxodo rural y la desmembración de las familias

Europa Press

El Grupo Parlamentario Socialista ha llevado recientemente al Pleno del Congreso de los Diputados una Proposición no de Ley sobre la soledad no deseada en entornos rurales y de baja densidad de población. Llama la atención, cuando el autor de esta iniciativa parlamentaria es el impulsor de leyes y políticas que provocan el éxodo rural y que, disolviendo a la familia, causan de manera directa la soledad de nuestros mayores y de los no tan mayores.

La familia es la institución natural más importante para la vida en comunidad. Es el lugar en el que los padres tienen el deber de criar a sus hijos, en un ambiente de amor y confianza, educándolos para afrontar el mañana con valor y honradez. Pero también es el lugar donde los que antes fueron hijos, ahora padres, deben cuidar de sus mayores, devolviéndoles el cariño y la dedicación que estos les ofrecieron generosamente en sus primeros años. Y esta institución, cimiento de nuestra sociedad y garantía de la libertad, es el primer objetivo de las políticas que quieren al individuo aislado y débil, para que sea fácilmente domesticable por el Estado.

Y para muestra, un botón: en estos momentos se está tramitando el Proyecto de Ley de Familias. «Familias», no «familia». Este proyecto —elaborado por el Gobierno— contempla 20 tipos distintos de familia, desde la familia monoparental, la reconstituida, la joven, la intercultural, la inmigrante, la transnacional, la LGTBI, hasta… —¡oh casualidad!— la de «personas unidas en matrimonio». Este Proyecto de ley es un delirio que tiene por objeto la disolución de la institución familiar y de todos los vínculos afectivos que en ella se desarrollan. Si todo es familia, nada es familia.

No obstante, este proyecto es el último ejemplo, pero no el único, de cómo el Gobierno, con su acción política, fomenta la soledad y el éxodo del campo español. El invierno demográfico que vive España, en general, y la España abandonada, en particular, no es fruto de la casualidad, sino consecuencia de las trabas e impedimentos que los poderes públicos ponen en el camino de aquellos que, a pesar de todo, se deciden a quedarse en sus pueblos y a formar una familia en ellos.

Por una parte, las leyes climáticas del Gobierno prohíben la exploración y explotación de nuestros recursos naturales y hacen que, por ejemplo, tal y como está pasando en Córdoba, los olivares se conviertan en kilométricas cubiertas de negras placas solares. Su fanatismo climático, también le hace derrumbar presas en plena época de sequía y volar centrales nucleares en plena crisis energética, importantes elementos de generación de empleo en las zonas rurales. Las leyes animalistas, que confieren derechos cuasifundamentales a los animales, dificultan sobremanera la rentabilidad y la continuidad de la ganadería y de la agricultura, sustento de muchos pueblos y alimento de todo el país. Las políticas económicas del decrecimiento y la ruina asfixian a impuestos y burocracia al campo, haciendo que los ya angostos márgenes de beneficio del sector primario se estrechen cada día más.

En definitiva, la agenda ideológica del Gobierno y de quienes se la dictan provoca la desmembración de las familias y el éxodo rural, originando la soledad de aquellas personas que, tiempo atrás, pudieron vivir en su tierra, rodeadas de los suyos, y que hoy se sienten solas, viendo cómo sus hijos tienen que exiliar forzosamente a la ciudad. A esa ciudad que, atestada de gente, ofrece cada vez vidas más individualizadas e individuos hacinados, pero en soledad.

Frente a la soledad en la España rural, menos hipocresía y más políticas en favor de la familia y del campo español. Menos individualismo y más comunidad. Menos aislamiento y más lazos fuertes.

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