«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Debí tirar más fotos

2 de junio de 2026

Soy de una generación que ante el reguetón arqueó una ceja. Luego arqueó la otra.

Sin embargo, Bad Bunny tiene una canción, una al menos que…

Del cantante, por fin, sale algo comprensible: debí tirar más fotos de cuando te tuve, debí darte más besos y abrazos las veces que pude…

Esas palabras, con un ligero acompañamiento, te agarran de repente como una congoja.

Debí tirar más fotos es un gran verso, un lamento que suena leve, un asalto de nostalgia; el pasado se siente como una cárcel, desaparecido, queriendo volver, y eso es un poco el infierno, pero la canción, sin embargo, se va hacia el baile…

Al escucharlo, uno se queda asombrado: ¿cómo algo tan triste quiere ser a la vez alegre? ¿Cómo ese verso, que entristece, quiere bailarse? ¿Cómo? ¿Con lágrimas en los ojos?

Quizás se explique por las raíces. Bad Bunny actualiza la plena, un género tradicional de Puerto Rico. Lo cantaban en el campo, con panderos, quizás una pena-celebrada.

Bad Bunny parte de esa raíz tradicional y el beat refuerza la nostalgia, la percusión la lleva potente hacia el baile y es tan buena la canción que es imposible bailarla mal. Yo no sé bailar, pero si la escucho, y estoy solo, me muevo con propiedad, como un africano entre tambores.

DTMF te sube una pena a los ojos y después te la lleva por el cuerpo hasta los pies, la tristeza se libera, se abre, nos da un respiro mientras la canción, con el coro, pasa del recuerdo a la compañía, a una celebración en comunidad. Tambores, presencias. El cantante busca a los demás, los nombra, a todos, los convoca en una foto, quiere sentirse acompañado, rodeado…

Ojalá los míos nunca se muden… y si hoy me emborracho, pues que me ayuden.

La pena no se enrosca blues, no se ensimisma. La tristeza ante lo perdido se libera, por el baile y el coro, en una energía hacia los demás, un mandato hacia el presente, un urgente amor…

Al ver imágenes de los conciertos en Madrid pensé cómo será además vivir esa transformación entre la multitud, rodeado, unido a ella, y me sentí feliz de que cerca, al menos no muy lejos, haya tanta gente disfrutando esa energía.

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