Los técnicos de Red Eléctrica han decidido extremar las medidas de seguridad e ignorar algunas directrices de sus superiores políticos para impedir que España vuelva a sufrir un apagón como el registrado el 28 de abril de 2025. «No va a haber otro apagón» es la consigna de los operadores del sistema eléctrico, según fuentes cercanas a la compañía citadas por The Objective.
El temor de los técnicos no se limita a las consecuencias que tendría un nuevo colapso para el país. También existe preocupación por las posibles responsabilidades judiciales que podrían afrontar si se repitiera el cero eléctrico. Por este motivo, ante cualquier oscilación, están elevando los márgenes de seguridad por encima de las instrucciones recibidas desde la dirección.
«Ante cualquier oscilación, exageran el nivel de seguridad y les dan igual las directrices de arriba», señalan las fuentes. Esta política se refleja tanto en los mercados de ajuste intradiarios como en la interrupción temporal del suministro a determinadas industrias cuando la demanda amenaza con desequilibrar el sistema.
La estrategia choca con la consigna política de incorporar al mix eléctrico toda la energía renovable posible. La dependencia de unas fuentes sujetas al sol, el viento y las condiciones meteorológicas obliga a disponer de tecnologías capaces de estabilizar la tensión y la frecuencia de la red, como el gas, la nuclear y la hidráulica.
Centrales de gas conectadas como respaldo
Red Eléctrica mantiene varios ciclos combinados —centrales que producen electricidad mediante gas— encendidos y conectados de forma permanente para poder intervenir con rapidez. Estas instalaciones se concentran en Extremadura y Andalucía, regiones con una elevada penetración renovable y donde se produjeron las oscilaciones que precedieron al apagón de 2025.
Cuando este respaldo no resulta suficiente, los operadores recurren al Servicio de Respuesta Activa de la Demanda (SRAD), conocido también como «interrumpibilidad». El mecanismo permite cortar de forma temporal el suministro a empresas que han aceptado reducir su consumo a cambio de una compensación económica.
El SRAD se ha activado cuatro veces durante los últimos 35 días, según la información publicada por el citado periódico. Una de esas intervenciones se produjo el pasado jueves, cuando la nubosidad en buena parte de la Península redujo la generación fotovoltaica por debajo de las previsiones.
Los técnicos optaron entonces por reducir la demanda industrial para equilibrar el sistema. Encender más centrales de gas habría resultado todavía más caro y habría desplazado parte de la generación renovable, en contra de las directrices políticas que priorizan estas fuentes.
La factura de una planificación vulnerable
La necesidad de activar estos mecanismos evidencia los problemas de planificación de Red Eléctrica pese a la «operativa reforzada» implantada después del apagón. Una programación más segura exigiría reducir el espacio reservado a las renovables e incorporar una mayor producción de los ciclos combinados.
Esta alternativa también tendría consecuencias económicas. El elevado coste del gas dispararía el precio mayorista de la electricidad. La opción elegida consiste en estabilizar la red mediante los mercados de ajuste intradiarios o el SRAD, mecanismos que también terminan repercutiendo en el recibo de los consumidores.
El Gobierno ha impulsado otras medidas para proteger el sistema, como la compra de dispositivos de estabilización por valor de 615 millones de euros y la prolongación de la vida útil de la central nuclear de Almaraz hasta 2030. Esta última decisión evidencia la dificultad de prescindir de la energía nuclear mientras la red carezca de suficiente respaldo estable.
El precio de la electricidad durante agosto es ya un 80% superior al registrado en el mismo mes de 2025. El calor extremo reduce el rendimiento de los paneles solares, mientras la falta de viento limita la producción eólica y la escasez de lluvias afecta a la generación hidráulica fluyente.
Al mismo tiempo, las elevadas temperaturas disparan el consumo de los aparatos de aire acondicionado. La combinación de una demanda alta y una producción renovable inferior a la prevista obliga a recurrir a tecnologías más caras y a unos ajustes que incrementan la factura. Frente a este escenario, los operadores de Red Eléctrica han antepuesto la seguridad del suministro a las directrices políticas: evitar otro apagón, cueste lo que cueste.