'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Muere a los 71 años Peter Sutherland, pontífice del Nuevo Orden Mundial

El ansiado gobierno planetario seguirá construyéndose en su ausencia. Ha muerto Peter Sutherland uno de los principales arquitectos del mundialismo.


Peter Sutherland fue un multimillonario irlandés considerado uno de los grandes pontífices del mundialismo a la altura de Soros, Rockefeller o Kissinger. Murió el pasado siete de enero en su Irlanda natal. Durante su vida ostentó multitud de cargos internacionales de gran importancia. Fue director general del Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles, embrión de la acutal Organización Mundial de Comercio. A nivel empresarial presidió, entre otras grandes entidades, British Petroleum -BP- o Goldman Sachs International.
Como otros gurús del pretendido gobierno global, participó en Bilderberg y fue presidente de la Comisión Trilateral. Hace once años fue designado por Kofi Annan representante especial de la ONU para asuntos migratorios, desde donde favoreció las tesis mundialistas y, para muchos, la llamada sustitución demográfica. Ferviente partidario de promover las migraciones a los países desarrollados, era abiertamente hostil a las soberanías nacionales, “el mal actual”.
Sutherland entendía las fronteras nacionales como el último freno para el establecimiento del Nuevo Orden Mundial. El movimento, ya es sabido, es de corte ultra-capitalista en lo económico aunque socialista en lo moral y político. Una mixtura ideológica que facilita el camino y vence resistencias a izquierda y derecha.

«Hay que socavar la homogeneidad nacional de los Estados»

Su batalla contra los Estados-nación llegó en algunos casos al punto de la estridencia. Por ejemplo cuando en 2012 exigió a la Unión Europea “hacer todo lo posible para socavar la homogeneidad nacional». Sabedor de la resistencia de algunos países por desaparecer, emprendió una cruzada a favor de la inmigración masiva que desnaturalizara a las naciones haciéndolas así más susceptibles de diluirse en el magma mundialista. Así, la circulación sin restricciones de seres humanos, mercancías y capital supuso el objetivo prioritario de Peter Sutherland. Un homo oeconomicus desprovisto de identidad pero rentable para las élites empresariales, los protogobernantes globales y hasta para algunos sectores despistados de la Iglesia Católica.

Viktor Orban: «Existe una campaña internacional para acabar con las naciones»

Es exactamente lo que ha denunciado hace pocos días el presidente de Hungría Viktor Orban en una entrevista con la periodista Éva Kocsis de la que daba cuenta La Gaceta: “Existe una campaña internacional bien establecida, que lleva en marcha más de una década. Puede vincularse con el nombre de George Soros y su objetivo es hacer creer que las fronteras no tienen sentido y que las naciones no tienen derecho a decidir por sí mismas con quién desean convivir en sus pueblos. Quieren crear instituciones internacionales para monitorear a las naciones y decidir por nosotros quién y dónde debe vivir con quien. Repito: son teorías concebidas en el taller de Soros, que también se han infiltrado en varias instituciones internacionales. Debemos luchar estas batallas. Debemos argumentar en contra de ellos. Debemos hacer transparentes sus operaciones, y debemos dejar claro que a menudo no se trata de derechos humanos, sino de la codicia y del negocio de la inmigración”.

La crisis demográfica, «factor clave» para el triunfo de las tesis mundialistas

El magnate irlandés no dudó en vincular la prosperidad futura de muchos estados de la UE a su conversión en naciones multiculturales, en definitiva, una «dinámica crucial para el crecimiento económico» de algunas naciones de la UE, «por muy difícil que sea explicarlo a los ciudadanos de esos estados».
Sutherland, se felicitaba por el envejecimiento poblacional occidental y su declinar demográfico, “factor clave” para el éxito definitivo de las migraciones. El magnate puso a las Islas Británicas como ejemplo a seguir por el resto del continente: «Es imposible considerar que la homogeneidad pueda sobrevivir, los estados tienen que hacerse más abiertos, en términos de las personas que los habitan, como lo ha demostrado el Reino Unido».
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