Nuevo ataque contra el sector primario español a manos de las instituciones europeas, que permiten la entrada de pescado procedente de Marruecos pese a las denuncias de los pescadores nacionales sobre el uso de artes prohibidas. Tras las quejas de los agricultores por la competencia desleal de productos marroquíes, ahora son los profesionales del mar quienes alertan de una práctica que, según denuncian, daña el medioambiente y perjudica directamente a la flota española.
El foco está puesto en el pez espada capturado en el mar de Alborán. Según OkDiario, los pescadores españoles sostienen que embarcaciones marroquíes siguen utilizando redes de deriva para pescar esta especie, pese a que se trata de un método prohibido desde hace años por su impacto sobre la biodiversidad marina.
La indignación del sector no se limita al daño ecológico. Lo que más molesta a los pescadores españoles es que parte de ese pescado termina accediendo al mercado europeo, con España como uno de los principales puntos de entrada de las exportaciones marroquíes de pez espada. A su juicio, se produce así una doble vara de medir: mientras la flota nacional cumple normas estrictas, productos obtenidos con métodos cuestionados pueden acabar compitiendo en los mismos mercados.
Las redes de deriva fueron prohibidas porque no permiten seleccionar las capturas. Funcionan quedando suspendidas en la columna de agua y desplazándose con las corrientes, de modo que cualquier animal que se cruce en su camino puede quedar atrapado. Aunque su objetivo sea capturar especies de gran tamaño, también pueden afectar a delfines, tortugas, tiburones, rayas, peces luna e incluso cetáceos.
El mar de Alborán es una zona especialmente sensible. Aunque ocupa una parte reducida del Mediterráneo, tiene una gran importancia ecológica por su conexión con el Atlántico y por la enorme variedad de especies que lo atraviesan. Por sus aguas se desplazan atunes, peces espada, tiburones, tortugas marinas y mamíferos marinos, lo que convierte cualquier arte de pesca no selectivo en un riesgo añadido.
Los pescadores españoles aseguran que no se trata de episodios aislados. Denuncian que el uso de estas redes continúa siendo habitual por parte de barcos marroquíes tanto en aguas próximas a la costa africana como en zonas económicas exclusivas españolas del mar de Alborán. Según sus testimonios, se han llegado a observar redes de varios kilómetros de longitud, con tamaños que en algunos casos oscilarían entre los tres y los diez kilómetros.
Aunque las redes actuales puedan ser menores que las grandes artes industriales empleadas décadas atrás, su capacidad destructiva sigue siendo considerable. Además, cuando se pierden o se abandonan en el mar, pueden continuar atrapando animales durante años, convirtiéndose en las llamadas redes fantasma.
El problema, según el sector, se agrava por la falta de control real sobre la trazabilidad. Los pescadores españoles advierten de que parte del pez espada capturado presuntamente con redes de deriva podría declararse como si hubiera sido pescado con palangre, un método legal. Esa posible reclasificación permitiría introducir el producto en el mercado sin que el consumidor conozca el origen real de la captura.
España aparece como un destino clave para ese pescado. De acuerdo con los datos manejados por el sector, las importaciones españolas equivaldrían a un volumen muy elevado de los desembarques de pez espada declarados por Marruecos, hasta situarse en torno al 78,8%. Esto refuerza la preocupación de la flota nacional, que ve cómo productos obtenidos bajo condiciones que aquí no se permiten pueden acabar compitiendo con sus capturas.
La situación recuerda a las denuncias realizadas por agricultores y ganaderos españoles contra las importaciones de terceros países. En ambos casos, el reproche es el mismo: Europa exige a sus productores cumplir con una normativa medioambiental, sanitaria y laboral muy estricta, mientras permite la entrada de productos procedentes de países que no siempre aplican los mismos estándares.
Los pescadores españoles consideran que este escenario genera una competencia desleal. La flota nacional ha dejado de utilizar artes prohibidas y debe asumir controles, limitaciones y costes derivados de la regulación europea. Sin embargo, denuncian que Marruecos puede seguir colocando parte de su producción en el mercado comunitario pese a las sospechas sobre el uso de métodos ilegales.
El caso del pez espada vuelve así a poner sobre la mesa el malestar del sector primario español con la política comercial europea. Los pescadores reclaman más inspecciones, mayor control sobre el origen de las capturas y medidas para impedir que entren en España productos obtenidos mediante prácticas prohibidas para la flota nacional.
Para el sector, no se trata sólo de proteger sus ingresos, sino también de defender la sostenibilidad del mar de Alborán. La entrada de pescado capturado con artes no selectivas supone, según denuncian, un golpe doble: perjudica a quienes cumplen la ley y favorece métodos que amenazan a especies protegidas y al equilibrio de uno de los espacios marinos más valiosos del Mediterráneo.