Una decena de ministros marroquíes ha aterrizado en España para participar este jueves en la Reunión de Alto Nivel, una cita en la que Rabat llega con una posición de fuerza y España lo hace sin margen real de respuesta, pese a la revisión de los 16 puntos acordados en abril de 2022 y a la intención oficial de afianzar relaciones y pactar nuevos compromisos.
Según fuentes consultadas por El Mundo, la delegación de Mohamed VI afronta la reunión en condiciones claramente superiores, una asimetría que Madrid no logra corregir. El primer motivo de esta ventaja procede de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del pasado 31 de octubre, que avala el plan de soberanía marroquí sobre el Sáhara como la vía más efectiva para resolver un conflicto que dura 50 años. Aunque España ya lo asumió hace tres años, el respaldo de la ONU ha otorgado a Rabat el impulso político que necesitaba. Las mismas fuentes anticipan que Marruecos exigirá que la declaración final vuelva a insistir en este punto, una maniobra que España difícilmente podrá contrarrestar.
Rabat también pretende que España reconozca que la gestión del espacio aéreo del Sáhara debe quedar en manos marroquíes tras el respaldo internacional a su plan. Además, aspira a recuperar derechos sobre aguas que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le retiró al considerar que los caladeros frente al Sáhara no pertenecen a Marruecos.
El segundo factor que refuerza la posición marroquí sigue siendo el más incómodo: el control de la inmigración ilegal. Negociar con un vecino capaz de generar una crisis en cualquier momento deja a España en situación de vulnerabilidad permanente. «Canarias puede volver a saturarse si Marruecos no encuentra útil esta reunión«, advierten las mismas fuentes. Un recordatorio de que, una vez más, la capacidad de presión reside sólo en un lado de la mesa.
A este escenario se añade el bloqueo comercial en Ceuta y Melilla desde el cierre unilateral de las aduanas por orden de Mohamed VI. Aunque su reapertura se anunció, el tráfico comercial sigue lejos del nivel previo a 2018. España tratará de exigir una normalización que no llega, porque también en esto la ventaja pertenece al vecino del Sur.
Antes de la reunión oficial tuvo lugar un encuentro empresarial. La cita política comenzará con un posado en el Palacio de la Moncloa entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el jefe del Ejecutivo marroquí, Aziz Akhannouch. Tras ese saludo protocolario llegará la negociación ministerial, donde cada palabra del documento final reflejará hasta qué punto España acude sin capacidad de respuesta frente a un Marruecos que impone el ritmo y las prioridades.