RTVE deja de hacer públicos los sueldos de sus fichajes. Pese a ser un ente público, la corporación ha decidido blindar la información económica relativa a sus nuevos presentadores mediante cláusulas de confidencialidad que impiden conocer cuánto cobran por sus programas. Así lo ha confirmado una resolución a la que ha tenido acceso The Objective, en la que se detalla que RTVE mantiene acuerdos de confidencialidad en sus contratos con las productoras, con el argumento de proteger sus intereses estratégicos en un entorno mediático «altamente competitivo».
Según el documento, la cadena pública sostiene que divulgar esos datos podría afectar directamente a su capacidad de negociación con terceros —ya sean productoras, operadores o profesionales del sector—, además de vulnerar los derechos contractuales de quienes han firmado dichos acuerdos. Este mismo mecanismo fue el que amparó en su día al presentador David Broncano, cuyo salario tampoco se llegó a conocer tras su fichaje por La 1.
El caso más reciente es el de Marta Flich y Gonzalo Miró, encargados de conducir el espacio vespertino Directo al grano. El programa, que arrancó el 15 de septiembre, se emite de lunes a viernes en la franja de sobremesa, una de las más disputadas de la televisión. La propuesta combina debate político, actualidad social y conexiones en directo, con secciones dedicadas al consumo, la economía o los asuntos ciudadanos. Flich, que anteriormente formaba parte del equipo de Todo es mentira en Cuatro, y Miró, excolaborador de Espejo público, fueron elegidos por su perfil cercano al Gobierno.
RTVE destinó a este nuevo formato un presupuesto total de 3.511.081 euros, según publicó ABC. El contrato, que contempla 91 emisiones, establece un coste medio de 38.583 euros por programa, sin que en el desglose se especifique la remuneración individual de los presentadores. En una entrevista posterior concedida a 20 minutos, Marta Flich aclaró que su salario actual es «un tercio» de lo que percibía en Mediaset, asegurando que su decisión de fichar por la televisión pública no se basó en una mejora económica. «Los profesionales cobramos porque es nuestro trabajo, pero esto no es por dinero. Me fui de Mediaset sin compensaciones, simplemente para probar otro camino», afirmó.