«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
el ejecutivo considera al reino de mohamed v «un socio fiable»

Sánchez blinda su alianza con Marruecos: diálogo diario con Rabat y ninguna represalia por las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, se reúne con su homólogo de Marruecos, Naser Burita, en Rabat.

El Gobierno de Pedro Sánchez mantiene intacta su interlocución con Marruecos pese a la invasión de Ceuta y a la sucesión de declaraciones de miembros del Ejecutivo marroquí que cuestionan la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, mantiene conversaciones «diarias» con su homólogo marroquí, Naser Burita, mientras el Ejecutivo descarta por ahora elevar la respuesta diplomática contra Rabat.

La comunicación entre ambos ministros continúa después de que el titular de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, reivindicara el supuesto «derecho histórico y geográfico» de Marruecos sobre las dos ciudades españolas y de que el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, recuperara ante Mohamed VI la narrativa sobre la «liberación» de las «ciudades ocupadas«.

El Ejecutivo español ha rechazado públicamente esas pretensiones y ha reiterado que Ceuta y Melilla son territorio soberano español. Sin embargo, esa respuesta no se ha traducido hasta ahora en medidas diplomáticas contra Marruecos: España no ha llamado a consultas a su embajador en Rabat ni ha convocado formalmente a la embajadora marroquí en Madrid para exigir explicaciones.

Albares apuesta, por el contrario, por mantener abierto el diálogo con el reino alauí. Exteriores sostiene que el ministro habla prácticamente a diario con Burita y defiende los canales diplomáticos como la vía para trasladar la posición española.

Marruecos continúa siendo un socio prioritario

Después de la entrada de decenas de miles de personas desde territorio marroquí los días 30 y 31 de julio, el Gobierno evitó responsabilizar directamente a Rabat.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, continuó defendiendo a Marruecos como un socio fiable y destacó posteriormente su «colaboración» para contener nuevas entradas y facilitar los retornos.

La cuestión resulta especialmente sensible por el precedente de 2021, cuando la relajación de los controles fronterizos marroquíes permitió la entrada de miles de personas en Ceuta durante la crisis diplomática provocada por la presencia en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Cinco años después, la dependencia española de la cooperación marroquí para contener los movimientos hacia la frontera vuelve a quedar en evidencia.

La contundencia utilizada contra Milei

La cautela con Marruecos contrasta con la respuesta que el mismo Gobierno ha utilizado ante otros «conflictos» diplomáticos.

En mayo de 2024, unas declaraciones del presidente argentino, Javier Milei, contra Begoña Gómez llevaron al Ejecutivo a llamar inmediatamente y «sine die» a consultas a la embajadora española en Buenos Aires. Exteriores convocó además al embajador argentino en Madrid, exigió públicamente una rectificación y, ante la ausencia de disculpas, terminó retirando definitivamente a su embajadora. El Gobierno justificó entonces su actuación por la necesidad de defender la dignidad de las instituciones españolas.

No se ha producido una escalada diplomática equivalente después de que dos ministros marroquíes hayan realizado manifestaciones relacionadas con la soberanía de Ceuta y Melilla.

La comparación resulta especialmente significativa: Sánchez llevó hasta la retirada de una embajadora la crisis provocada por unas palabras de Milei sobre su mujer, mientras mantiene el diálogo diario con Rabat después de que miembros del Gobierno marroquí cuestionen territorio soberano español.

Un tratado que obliga a respetar la integridad territorial

La relación bilateral cuenta además con un Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación firmado en 1991. El texto establece entre sus principios el respeto a la soberanía y la integridad territorial, la no intervención en asuntos internos y la renuncia a actos de coerción política, económica o de otro tipo.

Las reivindicaciones procedentes de miembros del Ejecutivo marroquí plantean así una cuestión que el Gobierno español tampoco ha trasladado públicamente al terreno de las consecuencias: cómo compatibiliza Rabat esos pronunciamientos con los compromisos asumidos en su relación bilateral con España.

Sánchez dispone de varias herramientas diplomáticas dentro de la legalidad sin necesidad de romper relaciones: convocar a la embajadora marroquí, llamar a consultas al representante español, exigir una rectificación formal o plantear una revisión de determinados ámbitos de cooperación. Hasta ahora no ha optado por ninguna de ellas.

+ en
Fondo newsletter