Los constantes desplantes de Pedro Sánchez a Donald Trump y la OTAN podrían condenar a los españoles en caso de hacerse efectiva la ruptura comercial entre EEUU y España. La creciente tensión diplomática entre ambos países no sólo tiene implicaciones estratégicas o militares, sino también económicas: miles de empresas españolas y millones de consumidores podrían verse perjudicados si Washington decide responder con represalias comerciales o energéticas.
El choque político se ha intensificado en los últimos meses por varias decisiones del Gobierno español que han incomodado a la Administración estadounidense. Entre ellas, la negativa a incrementar de forma significativa el gasto en defensa hasta el nivel que reclama la OTAN y las reticencias a facilitar el uso de determinadas bases militares norteamericanas en territorio español. Este pulso político amenaza con trasladarse al terreno económico, poniendo en riesgo una relación comercial que mueve decenas de miles de millones de euros cada año.
Aunque Estados Unidos no es el principal destino de las exportaciones españolas, sí representa un mercado clave para determinados sectores. Las empresas españolas venden cada año a ese país bienes por valor de más de 16.000 millones de euros, con especial peso del sector agroalimentario, maquinaria y productos industriales.
Entre los productos más expuestos destaca el aceite de oliva, uno de los grandes símbolos de la exportación española. El mercado estadounidense es fundamental para miles de agricultores y cooperativas, especialmente en Andalucía. Si Washington decidiera aplicar aranceles o restringir las importaciones, países competidores como Túnez, Argentina o Chile podrían ocupar rápidamente ese espacio en los supermercados norteamericanos.
El impacto tampoco se limitaría al aceite. Productos como el vino, el jamón ibérico o determinados alimentos gourmet dependen en buena medida de las ventas a Estados Unidos. Para muchas empresas del sector agroalimentario, perder ese mercado supondría un golpe importante a su facturación.
Sin embargo, el mayor riesgo para España no se encuentra tanto en lo que exporta como en lo que importa. Desde la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania, Estados Unidos se ha convertido en uno de los principales suministradores de energía para Europa. En el caso español, una parte muy significativa del gas natural licuado que llega al país procede de Estados Unidos y se transporta en barcos metaneros hasta las plantas de regasificación españolas.
Este suministro es esencial para el funcionamiento de la industria, el sistema eléctrico y el consumo doméstico. Si el deterioro de las relaciones políticas derivara en restricciones o tensiones en el suministro energético, el impacto podría ser inmediato en los mercados.
Los analistas energéticos advierten de que en situaciones de crisis geopolítica el precio del gas puede dispararse en cuestión de horas. En algunos escenarios de tensión internacional se han registrado subidas cercanas al 40% en un solo día. Ese encarecimiento se trasladaría rápidamente al precio de la electricidad y también al coste de los combustibles.
La gasolina y el diésel, muy sensibles a los movimientos del mercado energético global, podrían experimentar incrementos superiores al 10% en pocos días si se produjera una ruptura comercial o energética significativa.
Además, España mantiene actualmente un déficit comercial con Estados Unidos: compra bastante más de lo que vende. Las importaciones procedentes del país norteamericano superan los 30.000 millones de euros anuales, impulsadas principalmente por la adquisición de energía, tecnología y productos industriales.
Esto significa que una escalada del conflicto comercial dejaría a España en una posición especialmente vulnerable. Mientras algunos sectores exportadores perderían acceso a un mercado importante, el país también tendría que buscar proveedores alternativos para recursos estratégicos como el gas o determinados productos energéticos.