El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, arranca este lunes un viaje oficial de tres días a China con el objetivo de reforzar la relación bilateral. Sin embargo, los datos económicos contradicen el relato del Ejecutivo: el déficit comercial con el gigante asiático no sólo no se ha reducido, sino que ha crecido desde 2023, año de su primer viaje.
Según el último Informe de Comercio Exterior, en 2025 España exportó a China bienes por valor de 7.971,6 millones de euros, frente a unas importaciones que alcanzaron los 50.249,5 millones. El resultado es una balanza comercial negativa de 42.277,9 millones de euros, claramente favorable a Pekín.
La evolución confirma la tendencia. En 2024, las exportaciones se situaron en 7.467 millones, mientras que las importaciones ascendieron a 45.174 millones. En 2023, año del primer viaje de Sánchez, España exportó 7.505 millones e importó 44.225 millones. Incluso en 2022, antes de esta ofensiva diplomática, las exportaciones fueron mayores, con 8.048 millones.
Desde el Gobierno admiten que el desequilibrio ha aumentado, aunque lo atribuyen al contexto internacional, marcado por las tensiones comerciales entre la Unión Europea y China. Sostienen que esta situación afecta a los Veintisiete y defienden que, sin los viajes del presidente, la posición española sería peor.
El Ejecutivo insiste en que la relación con el presidente chino, Xi Jinping, atraviesa un buen momento. Sin embargo, el acceso al mercado chino sigue limitado para las empresas españolas, mientras que las compañías del país asiático encuentran menos obstáculos para operar en España, donde las decisiones estratégicas no dependen de un aparato estatal centralizado como el del Partido Comunista chino.
En su anterior visita, en septiembre de 2024, Sánchez trató de mediar en la disputa arancelaria entre Bruselas y Pekín por los coches eléctricos chinos, ante el temor de represalias sobre el sector porcino español. La iniciativa no tuvo efecto, aunque en Moncloa sostienen que el régimen chino escucha al presidente.
El viaje actual tiene además una dimensión política relevante. Es la primera visita oficial con recepción de Estado completa, con banquete incluido por parte de Xi Jinping, al que acudirá Sánchez acompañado de su mujer, Begoña Gómez. El presidente también se reunirá con el primer ministro y con el presidente de la Asamblea Popular Nacional, en un momento marcado por la tensión internacional derivada del conflicto con Irán.
La agenda incluye encuentros con inversores chinos de sectores como tecnología, energía, automoción y telecomunicaciones, aunque el Gobierno no ha facilitado la lista de participantes. Sánchez visitará además la sede de Xiaomi y mantendrá reuniones con empresas consideradas «innovadoras».
Uno de los puntos más sensibles vuelve a ser la presencia de Huawei. El Ejecutivo evita confirmar si la compañía participará en los encuentros. La tecnológica fue vetada por Estados Unidos por presunto espionaje y está bajo presión en la Unión Europea. El Gobierno español llegó a adjudicarle contratos relacionados con infraestructuras críticas, aunque finalmente los canceló tras la presión internacional.
Sobre el viaje planea también la influencia del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, cuya relación con el régimen chino ha sido públicamente reconocida por el embajador de Pekín en Madrid, que lo define como un «viejo amigo de China» y colaborador habitual en foros y centros de pensamiento del país asiático.
El programa del viaje se completa con una intervención en la Universidad de Tsinghua, reuniones con empresarios españoles y visitas a instituciones científicas. Mientras, la agenda de Begoña Gómez sigue sin detallarse, más allá de su asistencia a algunos actos oficiales.