«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El Gómez Ulla dispone de una ala de aislamiento

Sindicatos de Enfermería exigen una «reunión urgente» para conocer los protocolos a seguir con los españoles del crucero del Hantavirus

Hospital Militar Central Gómez Ulla. Europa Press

La crisis sanitaria del crucero de lujo MV Hondius mantiene en vilo al Gobierno y a los sanitarios españoles. Especialmente a los encargados de recepcionar a los 14 españoles que viajan en el buque, que serán trasladados al Hospital Militar Gómez Ulla, en Madrid.

La situación ha disparado la preocupación entre el personal sanitario que denuncia falta de información y posibles improvisaciones, según publica El Debate. Según detalló la ministra de Sanidad, Mónica García, los pasajeros serán sometidos a un examen médico a su llegada y posteriormente trasladados en un avión militar hasta la base aérea de Torrejón de Ardoz y de ahí irán al Hospital Militar Gómez Ulla.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, confirmó que el aislamiento será inicialmente voluntario, aunque Sanidad advirtió de que el Gobierno dispone de «instrumentos» para imponer medidas más estrictas si fuese necesario. Una enfermera del Gómez Ulla —Hospital Central de la Defensa— aseguró que los profesionales ya han recibido instrucciones para realizar un «curso de EPI» con el objetivo de reforzar la formación adquirida durante la pandemia de la covid. Según explicó, la atención no recaerá sobre «cualquier sanitario», sino sobre personal específicamente preparado, principalmente militares en turno de mañana y civiles en turnos posteriores.

La inquietud también ha llegado a los sindicatos. La sección sindical de SATSE Madrid reclama una «reunión urgente» del comité de seguridad ante las «informaciones desconocidas sobre la cuarentena» y exige conocer con detalle los protocolos de aislamiento y los circuitos de actuación.

Aunque el hantavirus no está catalogado como enfermedad de alto aislamiento, el hospital dispone de la conocida planta 22, preparada con habitaciones de presión negativa para impedir la salida del virus al exterior. La sanitaria consultada recalca que el sistema es «muy seguro», aunque reconoce que el manejo de los equipos de protección es extremadamente complejo. «Debe haber siempre una persona limpia y otra sucia», explica, advirtiendo de que quitarse y volver a colocarse un EPI puede llevar «media hora fácilmente».

En todo caso, entre los sanitarios, el temor aumenta. «En planta están asustados porque les puede tocar a ellos», admite la enfermera, en declaraciones a El Debate.

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