«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Considera que España ha tardado en alcanzar un consenso sobre su pasado

Un historiador que forma parte del comité científico contra Franco defiende la «modernización» y el «avance económico» de España durante el régimen

El escritor Julián Casanova. Redes sociales

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y miembro del comité científico formado por el Gobierno para rememorar los 50 años de la muerte de Francisco Franco, ha concedido una entrevista al diario El Mundo en la que ha reconocido el crecimiento económico experimentado por España durante el régimen. Según el historiador, el país pasó de una situación de precariedad extrema a un periodo de desarrollo impulsado por los tecnócratas y el Opus Dei, aunque ha añadido que los avances se dieron en un contexto de «represión».

Casanova, que ha publicado la biografía ‘Franco’ (Crítica), considera esta obra como la culminación de su carrera académica antes de su jubilación. A través de 400 páginas, el historiador aborda la vida del caudillo desde una perspectiva internacional, destacando sus relaciones con líderes como Roosevelt, Churchill, Trujillo o Salazar. Una de las novedades que aporta su biografía es el análisis de los vínculos de Franco con distintos mandatarios a lo largo de su vida, desde sus primeros contactos con el fascismo hasta su último encuentro con Gerald Ford en 1975.

El académico sostiene que la imagen de Franco sigue siendo un tema controvertido en la sociedad española. Según Casanova, la tardanza en tomar decisiones sobre qué hacer con el legado del franquismo, incluido su entierro en el Valle de los Caídos, ha generado una sombra alargada del dictador que sigue influyendo en el debate público. Subraya que, a diferencia de otros países, España ha tardado en alcanzar un consenso sobre su pasado.

Para el historiador, el entierro de Franco en 1975 fue clave en la percepción de su figura en la transición y en la posterior democracia. Recuerda que su féretro recorrió lugares emblemáticos de Madrid, recordando su victoria en la Guerra Civil. Este acto marcó una impronta duradera que, según Casanova, refuerza la división en torno a la memoria del franquismo y alimenta la polarización política.

En su obra, Casanova destaca que la historia de Franco es también la historia de España y de Europa. Considera que es un error ver la biografía del caudillo como un guion predefinido y argumenta que los acontecimientos históricos se escriben a través de las acciones. En este sentido, recalca que Franco no fue un caso excepcional, sino que fue moldeando su papel a lo largo del tiempo hasta consolidar un régimen que duró cuatro décadas.

Por último, defiende la importancia de conmemorar el 50 aniversario del fallecimiento de Franco, argumentando que la historiografía debe abordar estas efemérides sin miedo y con una visión plural. Según él, el estudio de la dictadura no debe ser motivo de controversia, sino una oportunidad para comprender mejor el pasado y sus implicaciones en el presente.

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