La creciente presión del narcotráfico en el sur de España ha vuelto a situar en el centro del debate la situación de medios materiales y presupuestarios de la Guardia Civil, después de la muerte de dos agentes durante una persecución marítima frente a la costa de Huelva. El suceso se produce en un contexto marcado por las reiteradas reclamaciones de asociaciones profesionales y sindicatos policiales, que desde hace años denuncian déficits operativos y limitaciones estructurales en la lucha contra organizaciones criminales cada vez más profesionalizadas.
En paralelo, un informe del Tribunal de Cuentas aprobado a finales de 2025 advirtió de la existencia de «carencias estructurales» en las inversiones del Ministerio del Interior y de la creciente dependencia de financiación extraordinaria procedente de la Unión Europea para sostener necesidades básicas de la Guardia Civil, según publica El Debate. El documento, centrado en la fiscalización de las inversiones del departamento, identificó una «infradotación estructural» en los créditos destinados a renovación y reposición de equipamientos e infraestructuras.
El órgano fiscalizador señaló además que los fondos europeos vinculados a fronteras, inmigración y seguridad han pasado a desempeñar un papel esencial en la financiación ordinaria de determinadas inversiones. Según el informe, recursos concebidos inicialmente como extraordinarios se han convertido en instrumentos permanentes para cubrir necesidades recurrentes del Ministerio del Interior y, especialmente, de la Dirección General de la Guardia Civil.
Entre los aspectos analizados figura también el elevado volumen de compromisos presupuestarios acumulados por la Guardia Civil en distintos ejercicios. El Tribunal de Cuentas advirtió de que la Dirección General inició varios ejercicios con más de la mitad de sus créditos de inversión ya comprometidos, alcanzando incluso porcentajes superiores al 100% en 2024. A juicio del organismo, esta situación reduce de forma significativa la capacidad de reacción de los gestores públicos y limita la posibilidad de afrontar nuevas necesidades operativas o inversiones imprevistas.
El informe también alertó sobre el deterioro progresivo de infraestructuras y equipamientos dependientes del Ministerio del Interior. El envejecimiento del parque inmobiliario obliga, en determinados casos, a recurrir a contratos de emergencia para resolver incidencias relacionadas con la seguridad, la funcionalidad y la habitabilidad de las instalaciones. El Tribunal de Cuentas sostuvo que parte de estas actuaciones podrían evitarse mediante una planificación presupuestaria ordinaria más estable.