«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
«Nosotras teníamos que subir escoltadas por la seguridad privada»

Una española que residió en el centro de menas de Hortaleza: «A las mujeres siempre nos acosaban sexualmente y nos insultaban»

Centro de Acogida de Menores de Hortaleza. Europa Press

Una joven inmigrante que vivió en el centro de menas de Hortaleza ha relatado el pánico constante en el que vivían las mujeres ante las numerosas situaciones de acoso e insultos. Bajo el nombre ficticio de María para proteger su identidad, ha contado que durante su estancia en 2017 sufrió tocamientos, intimidaciones y episodios de violencia por parte de otros internos, mayoritariamente menores extranjeros no acompañados, que llegaron a colarse en las habitaciones de las chicas por las noches.

Según su testimonio, al principio el centro estaba ocupado por jóvenes españoles en situación de desamparo, pero con el paso del tiempo la presencia de menas pasó a ser abrumadora, alcanzando —según ella— hasta un 97% de los residentes varones. «Nosotras teníamos que subir escoltadas por la seguridad privada porque en los pasillos nos tocaban, nos insultaban y hacían gestos obscenos», recuerda.

María asegura que incluso una de sus compañeras sufrió una agresión sexual en un parque cercano, hasta el punto de que la propia policía recomendaba no entrar en esa zona. La situación de inseguridad se agravó hasta el extremo de que la vigilancia del centro revisaba bajo las camas para evitar que los varones trepasen hasta las habitaciones de las chicas.

El relato incluye también un episodio personal: tras regresar de una salida de fin de semana, fue acosada físicamente por un joven que había inhalado disolvente. «Me tocó y me invadió», explica. Tras contárselo a su pareja, éste acudió al centro, lo que derivó en un conflicto. Finalmente, fue la propia María la que tuvo que abandonar el recurso de acogida tras ser advertida de que corría peligro si regresaba. «El culpable gana y la víctima es la que tiene que irse», lamenta.

El testimonio añade un elemento aún más controvertido: el papel del intérprete del centro. María afirma que, al denunciar los tocamientos, éste les respondió que, al vestir con pantalones cortos y camisetas de manga corta, «qué esperaban». «Estamos en Madrid, en España, ¿cómo quieres que vayamos vestidas?», fue su respuesta de indignación al sentirse culpabilizada.

Su experiencia, casi una década después, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la gestión de los centros de acogida de menores en España, la seguridad de las jóvenes internas y la responsabilidad institucional ante denuncias de abusos y violencia dentro de estas instalaciones.

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