Una ostra perlífera de origen tropical procedente del Mar Rojo avanza por las costas españolas después de penetrar en el Mediterráneo a través del canal de Suez. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) alerta ahora de una «expansión generalizada» de la especie en el Mediterráneo occidental, donde hasta hace pocos años su presencia era prácticamente testimonial.
Se trata de la Pinctada radiata, considerada una de las 100 especies invasoras más peligrosas del Mediterráneo por su capacidad para alterar los ecosistemas, competir con organismos autóctonos y modificar la cadena alimentaria marina.
Un estudio coordinado por el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS-CSIC) ha confirmado ya su presencia desde el sur de Cataluña hasta Almería, pasando por Baleares, las islas Columbretes y distintos puntos del litoral valenciano.
La especie entró por primera vez en el Mediterráneo desde aguas tropicales a través del canal de Suez en el siglo XIX. Durante décadas quedó concentrada principalmente en la cuenca oriental, pero los investigadores advierten de que ahora está conquistando rápidamente el Mediterráneo occidental.
Del Mar Rojo a las costas españolas
La Pinctada radiata es originaria del Mar Rojo y otras aguas cálidas del Indo-Pacífico. Su llegada al Mediterráneo constituye uno de los primeros ejemplos históricos de las denominadas migraciones lessepsianas, la entrada de especies procedentes del Mar Rojo facilitada por la apertura del canal de Suez. Hasta hace relativamente poco, la ostra invasora aparecía en la mitad occidental del Mediterráneo mediante registros «esporádicos y aislados». Eso ha cambiado.
«Lo que observamos ahora es que el Mediterráneo occidental experimenta actualmente una expansión generalizada», explica Júlia García Colomé, investigadora del IATS y primera autora del estudio. Los registros recopilados entre 2015 y 2024 muestran nuevos episodios de colonización tanto en la costa española como en el Adriático y el Egeo.
Ya se extiende desde Cataluña hasta Almería
La primera detección realizada por esta red en España se remonta a 2016 en las Islas Baleares. Desde allí, la especie comenzó a aparecer en nuevos territorios.
Posteriormente fue localizada en las islas Columbretes, en Castellón, y los registros actuales se prolongan hacia el sur hasta Agua Amarga, en Almería. Por ahora, los científicos no han detectado asentamientos estables más allá de ese punto. Especialmente significativo es el caso de Columbretes.
Los investigadores detectaron allí por primera vez larvas de Pinctada radiata en 2020. Dos años después, en 2022, comprobaron que la ostra tropical ya se había asentado en el medio natural. Ese intervalo demuestra que los sistemas de vigilancia pueden descubrir una invasión antes de que resulte visible a simple vista.
Puede desplazar a las especies autóctonas
El problema no reside simplemente en encontrar una nueva variedad de ostra. Según el CSIC, Pinctada radiata puede competir con las especies propias del Mediterráneo por espacio y alimento y provocar cambios profundos en los ecosistemas donde alcanza grandes densidades.
Eso ya ha sucedido en el Mediterráneo oriental. En esas aguas, la proliferación de la ostra tropical ha provocado el desplazamiento de especies autóctonas y «importantes repercusiones» sobre la cadena trófica, de acuerdo con los investigadores.
El riesgo preocupa especialmente en un mar en el que algunas especies propias atraviesan ya una situación crítica. Precisamente los colectores que permitieron detectar la nueva invasora en las Columbretes habían sido instalados originalmente para estudiar a la nacra —Pinna nobilis—, uno de los grandes bivalvos emblemáticos del Mediterráneo, actualmente en peligro crítico de extinción.
El Mediterráneo alberga ya unas 1.000 especies invasoras
La ostra del Mar Rojo forma parte de un problema mucho mayor. El CSIC estima que existen aproximadamente 1.000 especies invasoras en el Mediterráneo, de las cuales unas 600 ya se encuentran establecidas. La llegada de organismos procedentes de otros mares puede alterar la biodiversidad local, modificar las relaciones entre depredadores y presas e incluso generar importantes costes económicos y ambientales.
En el caso de Pinctada radiata, los investigadores destacan dos elementos que explican su capacidad de expansión: la enorme dispersión de sus larvas mediante las corrientes y las temperaturas cada vez más favorables para una especie tropical.
Las aguas españolas ofrecen temperaturas cada vez más propicias
El CSIC vincula la aceleración de la invasión al aumento de la temperatura del Mediterráneo. Según los investigadores, este mar se calienta a un ritmo aproximadamente tres veces superior a la media global, facilitando que organismos propios de aguas cálidas puedan sobrevivir cada vez más al norte y al oeste.
Las zonas más frías, como el Golfo de León o el norte del Adriático, continúan por ahora libres de Pinctada radiata. En las costas españolas ocurre lo contrario.
Las temperaturas del agua han alcanzado recientemente 33 grados en Sa Dragonera, Mallorca, mientras que en las islas Columbretes el CSIC calcula que el mar se ha calentado 1,5 grados desde 1990. Ese cambio está creando condiciones cada vez más favorables para una especie originaria de aguas tropicales.
132 puntos de vigilancia en ocho países
Para seguir su avance, científicos europeos han creado una red de 132 puntos de medición repartidos entre Argelia, Croacia, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Eslovenia y España.
El sistema utiliza unos sencillos colectores formados por mallas donde quedan adheridas las larvas transportadas por las corrientes. Gracias a ellos, los investigadores pueden detectar la llegada de una especie invasora años antes de que llegue a establecer poblaciones visibles en el ecosistema.
Más de 70 científicos y distintas administraciones participan en el proyecto. En la Comunidad Valenciana, la red permite vigilar enclaves como las islas Columbretes, la Serra d’Irta o el cabo de San Antonio.