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97.000 millones de dólares donados por multinacionales, bancos y particulares

Black Lives Matter: una lucrativa historia de odio

El famoso movimiento supremacista negro de Estados Unidos, conocido por sus violentos disturbios antes de la última campaña presidencial que enfrentó a Trump y Biden, que provocaron al menos 25 muertos y destrozos por valor de dos mil millones de dólares, ha manejado hasta la fecha un presupuesto de más de 97 mil millones de dólares. Si se compara esta cantidad con el PIB de otros países o empresas, por ejemplo, supera al de los 20 países más pobres del mundo. ¿Quién financia y con qué objetivos un movimiento de estas características?

Black Lives Matter (BLM) surge como movimiento en 2013 en Estados Unidos, donde hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX la segregación racial seguía estando vigente. Puede decirse que el trauma del racismo sigue vigente y en especial en un país que se fue a la guerra civil por la esclavitud.

Más allá de los hechos históricos más o menos recientes, la realidad hoy es que la población de origen africano ocupa puestos de gran relevancia en el país. Desde el primer presidente negro con Barack Obama, hasta presentadores de televisión, pasando por todo tipo de puestos en la administración. A nivel deportivo son las grandes estrellas del país. A nivel sociológico, y siempre con las estadísticas en la mano, es un hecho que la raza negra comete el mayor número de crímenes en relación al porcentaje de población (siendo menos de un 15% del total).

Esta realidad hoy se entiende bajo el prisma del conocido como marxismo cultural como un sistema de opresión continuado desde la época de la esclavitud de la población blanca sobre la población negra. Abusos se cometen contra determinados ciudadanos por coincidir con el perfil de criminal tipo, nadie puede negarlo. La tensión fue en aumento y se utilizó como arma política por el Partido Demócrata (siendo en su seno de donde nace el Ku Klux Klan) contra Donald Trump durante su presidencia entre 2016-2020. Fue en ese año, con la muerte de George Floyd, cuando todo estalla por los aires. A pesar de la autopsia, el hecho coincidía con la teoría: la sociedad estadounidense blanca heteropatriacal oprime a la negra por sistema.

Más de 150 organizaciones supuestamente independientes se manifestaron por todo el país ante este «patriarcado capitalista imperialista supremacista blanco» hasta el punto de iniciar auténticos conatos de golpes de golpe de Estado por todo el país. Asesinatos a sangre fría, robo de tiendas, destrozo de mobiliario público, ciudades tomadas violentamente donde la ley dejó de existir, etc. forzaron la intervención de la Guardia Nacional. ¿Pero cómo era posible que de la noche a la mañana surgiera algo semejante por todo el país?

La financiación de BLM

El Instituto Cleremont ha publicado recientemente la base de datos que traza con precisión milimétrica todas las subvenciones, donaciones y ayudas que habría recibido BLM y todas sus organizaciones pantalla desde su fundación: un total de 97.254.698.029 dólares de mano de multinacionales, bancos y particulares. La información se extrae de OSINT (fuentes abiertas) en artículos, informes y portales de transparencia.

El uso de ese dinero es diverso. Desde inmuebles de lujo en Los Ángeles o Toronto, pagos inflados por servicios de seguridad a familiares, subvenciones a terceros o la creación de lobbies políticos para elegir nuevos líderes «progresistas». Por supuesto, ni todas las actividades financiadas por los fondos de BLM son legales ni los donantes conocen el destino de sus contribuciones. Han logrado el objetivo de poder que responda a intereses políticos de una élite determinada.

Como ocurre con muchas de las ayudas en España a determinados colectivos, la gran parte de estas se queda por el camino. Lo mismo ocurre con BLM. Más de 97 mil millones de dólares que se destinan para seguir financiado postulados políticos, sociales, raciales e ideológicos que sirven a intereses muy concretos, más allá de lo que defiende de manera teórica: la igualdad racial. Queda claro que Black Lives Matter es un movimiento más articulado a la perfección y generosamente regado con miles de millones para ser utilizados cuando a la élite globalista le interese.

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