El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está trabajando en una importante reforma del sistema de inmigración estadounidense que busca endurecer los criterios de admisión y priorizar a ciertos perfiles de solicitantes. Según documentos filtrados, el plan incluye dar preferencia a personas de habla inglesa y a ciudadanos blancos procedentes de Sudáfrica, bajo el argumento de que estos grupos se integrarían más fácilmente en la sociedad norteamericana.
Entre las medidas más controvertidas se encuentra la posibilidad de ofrecer asilo político a europeos que, según Washington, estén siendo perseguidos por expresar opiniones contrarias a la inmigración masiva o por apoyar movimientos populistas en sus países. Fuentes cercanas a la Casa Blanca han reconocido que el Gobierno estadounidense sigue de cerca el panorama político europeo para detectar posibles casos de ciudadanos que encajen en ese perfil.
El proyecto plantea además que las solicitudes de asilo incluyan una evaluación sobre la capacidad de los solicitantes para «asimilarse con éxito» a los valores y normas culturales de Estados Unidos. Los futuros aspirantes también deberían asistir a clases sobre historia del país y principios cívicos estadounidenses, con el objetivo declarado de fomentar una mayor identificación con la cultura nacional.
Trump, que ya en su primer día de mandato suspendió la admisión de refugiados y redujo drásticamente las cuotas anuales, ha defendido esta línea política como una forma de proteger los intereses de los estadounidenses. El presidente ha anunciado, asimismo, su intención de reducir la cifra de refugiados admitidos de 125.000 a tan sólo 7.500 por año, lo que supondría uno de los recortes más severos de la historia moderna del país.
Los documentos presentados al mandatario sostienen que el aumento de la diversidad en Estados Unidos ha debilitado la «confianza social» necesaria para el buen funcionamiento de la democracia, y sugieren acoger únicamente a aquellos refugiados «plenamente asimilables» y alineados con los objetivos del Gobierno. En ese sentido, las recomendaciones incluyen restringir la reubicación de inmigrantes en zonas con alta concentración de población extranjera, con el propósito de evitar la formación de comunidades cerradas.
Algunas de las propuestas ya habrían comenzado a aplicarse incluso antes de su presentación oficial, como el otorgamiento de prioridad a los solicitantes blancos de Sudáfrica. Trump ha argumentado que los afrikáneres son víctimas de persecución racial en su país, una afirmación que las autoridades sudafricanas niegan rotundamente.
La Casa Blanca ha llegado a cuestionar decisiones de gobiernos europeos, como la de Alemania de clasificar a la formación Alternativa para Alemania (AfD) como grupo extremista de derechas. Para los asesores del presidente, esa medida sería un ejemplo de discriminación política hacia movimientos que simplemente expresan oposición a la inmigración masiva.
El Departamento de Estado, consultado sobre estas informaciones, se limitó a señalar que «no debería sorprender que la política exterior refleje las prioridades de Estados Unidos». En la misma línea, un portavoz añadió que la administración «defiende sin complejos los intereses del pueblo estadounidense».