La detención del cómico irlandés Graham Linehan en el aeropuerto londinense de Heathrow por tres tuits humorísticos criticando la tiranía trans ha sido para muchos la gota que colma el vaso, especialmente en Estados Unidos, país desde el que se publicaron los citados textos online. Por eso ha tenido especial relevancia la intervención en el Congreso de Estados Unidos de Nigel Farage; primero, porque es británico y, en segundo lugar, porque el grupo que lidera, Reform UK, tiene todas las papeletas para arrasar en las próximas elecciones.
Ante los legisladores norteamericanos, Farage denunció las liberticidas leyes relativas a la comunicación en redes de Gran Bretaña y la UE, y pidió a las autoridades de Estados Unidos que combatieran esta «extralimitación autoritaria».
En su intervención de tres horas, Farage, aliado ideológico de Trump, tuvo que vérselas con la hostilidad de los diputados de la oposición demócrata, más alineados con las políticas censoras de los europeos, una hostilidad que en ocasión rozó el insulto personal. Eso dio munición a Farage para responder: «Esa es la belleza de la libertad de expresión: puedes decir lo que quieras, y me da igual».
Farage hizo referencia a Linehan y al caso de Lucy Connolly, condenada a 31 meses de prisión por un mensaje contra los hoteles para inmigrantes que lo borró a las tres horas. Farage no defendió lo que escribieron Linehan y Connoly, porque no hacía falta: la libertad de expresión es la libertad de decir lo que no gusta.
El líder de Reform UK aconsejó a Washington que se sirviese del comercio para presionar a Londres en favor de la libertad de expresión, lo que le valió las mayores críticas. No defendió sanción alguna, sólo una declaración estadounidense en el sentido de que las restricciones extranjeras a la libertad de expresión «no afectan a los ciudadanos estadounidenses ni a las empresas con sede en Estados Unidos».
Algo tan sencillo y sensato le valió la ira del primer ministro británico, el laborista Keir Starmer (cuyo respaldo popular está en mínimos históricos), calificó la iniciativa de «absolutamente antipatriótica». En su opinión, al parecer, el patriotismo consiste en silenciar la disidencia de su pueblo.