Cuando el secretario de la Guerra (antes Defensa), Pete Hegseth, convocó súbitamente a los principales responsables militares de Estados Unidos repartidos por todo el mundo, la prensa mundial hirvió con especulaciones sobre la razón de ser de tan misteriosa reunión en Quantico (Virginia). Hoy conocemos ya la respuesta: transmitir el claro mensaje de que las Fuerzas Armadas volverán a ser un verdadero Ejército y no un laboratorio de pruebas de las ideologías woke.
Lo que anunció ante los perplejos generales y almirantes fue ni más ni menos que un cambio radical en la cultura progresista que ha imperado en el Pentágono durante la administración Biden. «No más meses dedicados a la identidad, no más departamentos de Diversidad, Equidad e Inclusión, no más hombres vestidos de mujer. No más culto al cambio climático. No más división, distracción ni delirios de género. No más basura. Como ya he dicho y repetiré, hemos terminado con esta mierda», aseguró Hergseth.
«A partir de este momento, la única misión del recién restaurado Departamento de Guerra es ésta: luchar, prepararse para la guerra y prepararse para ganar, implacable e inflexible en esa búsqueda«, dijo. En determinado momento hizo referencia al lema acuñado en la Administración Reagan de presentar una postura nacional de «paz a través de la fuerza» por parte de los militares.
Además, prometió no dedicar más esfuerzo a la «construcción nacional» de países extranjeros: “Nuestros líderes civiles y militares están repletos de veteranos de Irak y Afganistán que dicen ‘nunca más’ a la construcción nacional de países extranjeros».