Estados Unidos se prepara para un movimiento militar sin precedentes. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha ordenado que cerca de 800 generales y almirantes desplegados en todo el mundo se reúnan el próximo martes en la base de Quantico (Virginia), según reveló el Washington Post.
La convocatoria, descrita como «muy inusual», rompe con los protocolos habituales, ya que encuentros de este calibre suelen resolverse por videoconferencia para evitar concentrar en un sólo punto a la cúpula militar estadounidense.
El Pentágono no ha detallado los motivos de la convocatoria. En un breve comunicado, el portavoz Sean Parnell señaló únicamente que Hegseth «dará un discurso ante sus altos mandos militares a principios de la próxima semana».
El anuncio llega en medio de un escenario internacional marcado por la tensión geopolítica, con frentes abiertos en Europa del Este, Oriente Medio y el Pacífico. Desde su regreso al poder, Donald Trump ha impulsado una política de «restauración del legado militar», recuperando incluso la histórica denominación de «Departamento de Guerra» en sustitución de «Defensa».
La reunión también se produce después de que Hegseth ordenara, en mayo, una reducción significativa en el número de altos oficiales. Además, la nueva administración republicana ha destituido a varios mandos heredados de gobiernos anteriores, en lo que analistas interpretan como una purga para consolidar un liderazgo más alineado con Trump.
Aunque no está confirmado que la cita esté vinculada a esa directiva, fuentes militares reconocen que el mensaje de Hegseth pretende «proyectar fuerza y cohesión en un momento de gran alarma internacional».
La magnitud de la convocatoria ha desatado todo tipo de especulaciones en Washington. Que la práctica totalidad de los mandos militares de EEUU se concentren en un mismo lugar constituye un hecho extraordinario que subraya la importancia estratégica del momento.
En un clima de creciente inestabilidad global, la reunión en Quantico puede marcar un punto de inflexión en la política militar de Trump, reafirmando la voluntad de Estados Unidos de proyectar una imagen ofensiva y de recuperar la iniciativa en el tablero mundial.