La Administración Trump ha prometido utilizar «toda una gama de herramientas» contra Keir Starmer en un intento de proteger la libertad de expresión, después de que el Gobierno británico haya abierto la puerta a endurecer el control sobre plataformas digitales y no descarte incluso bloquear el acceso a X.
La advertencia llega desde Washington tras una entrevista concedida a GB News por Sarah B. Rogers, subsecretaria de Estado de Estados Unidos para Diplomacia Pública, quien acusó al Ejecutivo laborista de actuar movido por criterios políticos y de mantener una deriva claramente favorable a la censura. A su juicio, si Londres acaba ejecutando una prohibición, no sería una sorpresa a la vista de los precedentes recientes del Estado británico.
Rogers aseguró que Estados Unidos dispone de instrumentos suficientes para garantizar el acceso a internet y a la información en países donde los gobiernos restringen la libertad digital. En ese contexto, citó como ejemplo las iniciativas impulsadas para facilitar conexión sin censura en Irán, aludiendo a la tecnología satelital promovida por Elon Musk.
Desde la óptica estadounidense, añadió, nada debe descartarse cuando está en juego la libertad de expresión. «Habrá que ver qué decide Ofcom y cuál es la respuesta de Estados Unidos», afirmó, subrayando que se trata de un asunto que preocupa seriamente a Washington y que podría tener consecuencias diplomáticas.
La responsable norteamericana también recalcó que tanto Donald Trump como JD Vance son firmes defensores de la libertad de expresión. Recordó que el propio Trump fue expulsado de Twitter antes de la compra de la plataforma por Musk, una situación que —según relató— fue comparada por el opositor ruso Alexéi Navalni con prácticas habituales del régimen de Vladimir Putin. Para Rogers, ese paralelismo explica por qué el actual presidente estadounidense se toma este debate «muy en serio».
Las declaraciones estadounidenses coinciden con el endurecimiento del tono del Gobierno británico hacia X. El primer ministro, Keir Starmer, advirtió esta semana de que la plataforma podría perder su capacidad de autorregularse si no controla el funcionamiento de Grok, el sistema de inteligencia artificial integrado en la red social. En palabras de Starmer, si una empresa obtiene beneficios del daño y el abuso, deja de tener derecho a fijar sus propias reglas.
En paralelo, Ofcom ha abierto una investigación formal para determinar si X ha incumplido la Ley de Seguridad en Línea. El regulador señaló su preocupación por la difusión de imágenes sexuales generadas por inteligencia artificial, incluidas representaciones de adultos sin consentimiento y contenidos sexualizados de menores, que podrían constituir delitos graves.
El Ejecutivo laborista, por medio de la secretaria de Tecnología, Liz Kendall, ha prometido exigir responsabilidades a la plataforma y recordó que esta misma semana entra en vigor un nuevo delito penal: la creación de imágenes sexuales sin consentimiento, contemplado en la Ley de Datos aprobada el año pasado. Desde la oposición, sin embargo, se ha advertido de que una prohibición total de X sería una medida de enorme gravedad contra una herramienta que también puede tener usos positivos.
Mientras tanto, Rogers insistió en que, si el Partido Laborista acaba vetando la red social, muchos estadounidenses lo verán con decepción, aunque —según remarcó— el historial reciente de decisiones restrictivas en el Reino Unido hace que esa posibilidad no resulte inesperada. El pulso entre Londres y Washington por los límites de la regulación digital y la libertad de expresión, concluyó, no ha hecho más que empezar.