«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
SIGUE LA HOJA DE RUTA MARCADA POR DESANTIS

Victoria de DeSantis: una universidad de Florida impondrá la «educación clásica» para acabar con la ideología ‘woke’

El gobernador Ron DeSantis hablando a los asistentes de la marcha Unite & Win Rally en Arizona. Gage Skidmore
El gobernador Ron DeSantis. Gage Skidmore

Lo peor del «wokismo» es que desmoraliza a sus rivales. Uno aspira, todo lo más, a frenarlo, a ralentizar su avance, dando por hecho que su marcha es inevitable y que no hay vuelta atrás. Pero no es esa la idea del gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, que está demostrando que ese progresismo enloquecido tiene los pies de barro cuando se le planta cara con firmeza.

Pero hay que ir al origen, la universidad, el verdadero corazón de la bestia. La ocupación de la universidad por parte de la izquierda radical se retrotrae al menos a los años sesenta del pasado siglo, y desmontar esa situación parece imposible. Pero eso es exactamente lo que se ha propuesto DeSantis, y lo está logrando con el New College of Florida, una pequeña universidad pública «progresista» en Sarasota fundada precisamente en los sesenta y, hasta este mes, un magnífico ejemplo de institución de extrema izquierda financiada por los contribuyentes.

La universidad en cuestión se apunta, naturalmente, a todas las tendencias de moda. No tiene notas, sino que cada semestre los estudiantes firman un «contrato» para aprobar una cierta cantidad de clases. Los estudiantes también tienen que completar una tesis de pregrado en la que lo importante es atiborrarla con las palabras fetiche de la postmodernidad, como inclusión, diversidad, racismo sistémico… No es extraño que el New York Times la calificase en su día como la universidad pública «más progresista» de Florida. Pagada, para mayor humillación, por los habitantes de un estado mayoritariamente republicano.

Hasta que DeSantis mandó parar, a principios de enero, anunciando una serie de nombramientos para la junta del New College. En un día, nombró a seis nuevos miembros de la junta rectora, con un «pedigrí» conservador impecable, como el escritor y periodista Christopher Rufo, miembro del Manhattan Institute y verdadera «bestia negra» de los medios progresistas de Estados Unidos; Mathew Spalding, de Hillsdale, y el director del Claremont Review of Books, Charles Kesler. No gente meramente «centrista», sino verdaderos pesos pesados del bando conservador en la guerra cultural.

Para que no quedara ninguna duda, en una prestigiosa publicación conservadora, el City Journal, Rufo explica qué es lo que se pretende con estos cambios: «El gobernador DeSantis nos ha encomendado algo que nunca se ha hecho: la recuperación institucional. Si tenemos éxito, el esfuerzo puede servir como modelo para otros estados». Es decir, se trata de deshacer la labor de Gramsci, la «larga marcha por las instituciones» con la que tanto éxito ha tenido la izquierda en todo el mundo. «Mis propuestas incluyen rediseñar el plan de estudios para alinearlo con el modelo clásico; abolir los programas DEI [Diversidad, Equidad e Inclusión] y reemplazarlos con principios de ‘igualdad, mérito y neutralidad racial’; adoptar la declaración de Kalven sobre la neutralidad institucional; reestructurar la administración y los departamentos académicos; reclutar nuevos profesores con experiencia en la tradición de las artes liberales clásicas; y el establecimiento de una escuela de posgrado para la formación de profesores en educación clásica».

Y la cosa no ha quedado en palabras: el pasado martes, la junta rectora del New College aprobó la rescisión de la presidenta, Patricia Okker. Y el nombramiento como presidente interino del expresidente de la Cámara de Representantes de Florida y comisionado de Educación.

Más que «larga marcha», lo que está haciendo DeSantis aquí es una ‘blitzkrieg’ en toda regla. Siguiente golpe: la Junta de Educación de Florida rechazó el nuevo curso de Estudios Afroamericanos aprobada por la Junta Universitaria por no ser adecuada para las aulas de Florida debido a su adopción de la llamada Teoría Racial Crítica, que viene a ser la teoría de que el país en sí mismo es un error, porque está íntegramente basado en la explotación de los negros.

Florida no permitirá que se ofrezca un nuevo curso de Colocación Avanzada sobre estudios afroamericanos en sus escuelas secundarias, afirmando que el curso no es «históricamente preciso» y viola la ley estatal. En una carta la semana pasada, el Departamento de Educación de Florida informó a la Junta Universitaria que no incluirá dicho curso en el directorio de cursos del estado. «Tal y como se presenta, el contenido de este curso es inexplicablemente contrario a la ley de Florida y carece significativamente de valor educativo», escribió el 12 de enero la oficina de articulación del departamento, que supervisa los programas acelerados para estudiantes de secundaria”.

Y la Junta Universitaria, como el ejército austriaco ante Napoleón en la Batalla de Ulm, se rindió casi sin lucha. En solo unas pocas semanas, la Junta presentó a la desesperada un nuevo temario que dejaba fuera la teoría racial crítica y otros puntos cuestionables de propaganda izquierdista. A partir de ahí, todo está siendo un paseo militar para DeSantis, que ha demostrado que la cultura ‘woke’ es, ciertamente, un gigante, pero un gigante con pies de barro.

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