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EL AÑO 2024 MARCARÁ SI CONTINÚA O NO ESA TENDENCIA

Los estadounidenses rechazan el Gran Reinicio: no compran coches eléctricos y no consumen carne artificial

Reunión del Foro Económico Mundial. Europa Press

Uno de los personajes icónicos del Noviembre Nacional, la protesta continuada frente a la sede del PSOE tras la propuesta de amnistía para los criminales de la insurrección separatista catalana, saltó a la fama al aparecer en un vídeo gritando: «¡España ha despertado, cabrones!».

No estoy del todo seguro de que España haya despertado, pero sí hay indicios de que Occidente está haciendo frente a esa imposición globalista conocida como el Gran Reinicio (copyright de Klais Schwab).

En Europa esta reacción es visible en el auge de los partidos soberanistas en intención de voto. Marine Le Pen ya batiría a Macron en unas hipotéticas presidenciales; en Alemania, una acosada Alternativa para Alemania (AfD), espiada y amenazada con la ilegalización, va camino de convertirse en el segundo partido, por detrás de la CDU; en Holanda gana las elecciones el demonizado soberanista Geert Wilders; en Italia gobierna Giorgia Meloni, y, en fin, en Estados Unidos se frustran los esfuerzos antidemocráticos de impedir que Donald Trump se presente a unas presidenciales que, según todas las encuestas, tiene ganadas.

Pero hay otros aspectos, diferentes de la liza política, en los que se advierte esta resistencia a someterse al Gran Reinicio que nos preparan las élites globalistas, y Estados Unidos es un caso de estudio.

Hablamos de una revuelta de los consumidores. Durante el último año, nuestros gobernantes han estado acumulando recomendaciones, leyes y prohibiciones encaminadas a promocionar el coche eléctrico, medidas tan agresivas y mensajes tan omnipresentes que la misma industria automovilística se ha preparado para la inevitable transición. Grave error.

La moda de los vehículos eléctricos parece haber tocado techo. El crecimiento de la oferta de automóviles a gasolina supera con mucho el de los eléctricos, dando la vuelta a la tendencia de un año atrás.

Los consumidores se están dando cuenta de que el coche eléctrico puede estar bien como segundo coche, para ciudad, pero que no cubre ni de lejos las prestaciones del automóvil convencional. Además, la misma idea de que el vehículo eléctrico vaya a contribuir a la transición hacia el uso exclusivo o aun mayoritario de energías renovables se ha revelado ridícula. Si todos los propietarios de automóviles se pasaran mañana al coche eléctrico, la red eléctrica colapsaría y habría que imponer un razonamiento. Así que la gente asocia cada vez más el coche eléctrico con un intento por dejarnos sin coche a la mayoría, haciéndonos dependientes del transporte público. Más control, en definitiva, del poder sobre nuestras vidas.

Así que estamos ante una industria que podría colapsar este año. No del todo: siempre habrá un mercado para urbanitas ricos, pero incluso en las zonas de mayor penetración, California y Washington capital, la tenencia de estos coches no supera el 20%.

Tampoco estamos tragando (literalmente) el asunto de la carne artificial, esa que a estas alturas debería estar ya en las cenas de fin de año. Botón de muestra: en 2019, año de la novedad, la cotización de Beyond Meat alcanzaba los 196 dólares, y desde entonces se ha desplomado hasta los 8,72. El vulgo sigue pensando, como Pedro Sánchez, que donde esté un buen chuletón de verdad, que se quiten todos esos sucedáneos.

Otro indicio está en la demanda de esas vacunas contra el COVID por las que había bofetadas cuando salieron y que han costado verdaderas fortunas a los estados, que han tenido que tirar a la basura ingentes cantidades de lo comprado. Pero no funcionan, no detienen la transmisión, como advirtieron al cabo los propios fabricantes, que es precisamente la función esencial de cualquier vacuna. Además, los efectos secundarios parecen ser más habituales y graves de lo que se dijo inicialmente.

Sea como fuere, la mayoría las rechaza en las últimas campañas de vacunación, con lo que la acción de Pfizer ha pasado de 59 a 28 dólares en dos años, y las de Moderna, de 384 a 100. Ambas empresas se encuentran ahora con reservas ingentes de un producto sin demanda y la perspectiva de una catarata de demandas judiciales.

También rechazó el consumidor el último producto de Meta (Facebook), Threads, como rival de X, antes Twitter. Lo lanzó Zuckerberg a lo grande a principios de año, con la idea de proporcionar una red similar a Twitter, pero sin la «violencia verbal» de la red de Elon Musk. Es decir, controlada como en una guardería, lo último que se necesita ahora, con todos los grandes medios al servicio del mismo mensaje. Comenzó con cuatro millones de usuarios, en su mayoría reclutando a los usuarios de Instagram. Hoy ya se ha reducido a un millón, la mayoría usuarios inactivos. Con Threads, Zuckerberg acumula un nuevo y sonado fracaso tras el desastre del Metaverso.

Hasta la DEI ha tenido que echar marcha atrás. Me refiero a los criterios de Diversidad, Igualdad (Equity) e Inclusión que los grandes fondos de inversión imponían a las empresas antes de proporcionarles fondos. La idea ha dado resultados previsiblemente horribles desde el único punto de vista que debería importarle a un inversor: el retorno sobre la inversión. Así que están recogiendo cable, e incluso en estados como Florida están vetando a las empresas que imponen estos criterios orwellianos.

Sencillamente, la gente normal está rechazando con su bolsillo y su voto ese Mundo Feliz que nos quieren imponer y que, a lo que parece, tendrán que imponernos a la fuerza porque carece de demanda. 2024 dirá si ese va a ser el camino.

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